Definir quién es Naxo García no es tarea fácil, ni siquiera para mí. Soy un onubense de a pie, criado entre la luz de Huelva, la brisa de la mar y esa forma tan nuestra de mirar la vida, con sencillez, sentimiento y un pellizco de arte. Nací bajo la sombra de "El árbol del corral" (Juan Ramón Jiménez), y crecí con el Atlántico cerca y la poesía rondándome, influido por esos grandes maestros que, sin saberlo, nos enseñan a sentir y a ponerle palabras a lo que llevamos dentro. No escribo poesía para explicar quién soy, sino para descubrirlo.
Descubrí la poesía a corta edad y desde entonces vengo coqueteando con versos hasta el punto de poder decir que soy un adicto a la poesía. Me considero “versoadicto” con premeditación y alevosía.
Solo leer el título ya me produce cierta fatiga. Nunca me han gustado demasiado las carreras; prefiero caminar sin prisa, perderme por el camino y, si puede ser, llegar tarde sin que nadie me pida explicaciones. Pero la vida, que tiene bastante sentido del humor, decidió ponerme a correr… y aquí sigo, cambiando de país, de trabajo y de horizonte, aunque procurando no perder los papeles por el camino.
Mis grandes pasiones son, en el fondo, cosas tan sencillas como imprescindibles para entender la vida desde la belleza: la pintura, la música y la literatura. Tres formas distintas de mirar el mundo y de intentar darle sentido. Con los pinceles me defiendo, lo suficiente para ilustrar mis propios libros con mayor o menor fortuna y, de paso, atreverme a romper la monotonía de alguna pared desnuda. Que no siempre se consigue una obra de arte, pero al menos se le pone intención y un poco de color a la vida. Al fin y al cabo, creo que de eso se trata: de rodearnos de belleza, aunque a veces seamos nosotros mismos quienes tengamos que inventarla.
Como músico, soy un desastre con dos oídos izquierdos. Eso sí, soy «diestro-oyente», una condición que me permite disfrutar de la música sin la osadía de intentar crearla, cantarla en cualquiera de sus variantes o, directamente, bailarla. Lo mío es escuchar, sentir y dejarme llevar por las canciones, que bastante tienen ya con sonar bien como para tener que soportar mis intentos.
Como escritor, me siento como un pez en el agua, aunque a veces tenga la sensación de nadar contracorriente. Me gusta ser poeta porque, en un mundo que circula a 120 km/h y parece empeñado en llegar a ninguna parte, la poesía me obliga a detenerme.
Hasta la fecha, he publicado cinco poemarios y una novela. Seis pedacitos de mí que han dejado de pertenecerme para echarse a andar por el mundo, con la esperanza de encontrar refugio en otras manos, otras vidas y otros corazones. Porque escribir es, en cierto modo, desnudarse; publicar, aceptar que alguien pueda reconocerse en esa desnudez.
Creo que esta pregunta ya ha quedado respondida, al menos en parte, en el apartado anterior, dedicado al escritor. Aunque, conociéndome, sería una lástima desaprovechar la oportunidad de seguir dándole vueltas a algo que probablemente tampoco consiga resolver. Así que, si me lo permitís, voy a detenerme un poco más en ello. Total, puestos a intentar entender qué demonios es la poesía, siempre será más elegante hacerlo con palabras que con una camisa de fuerza.