Deja tu comentario. Encontrarás la pestaña al final de esta página. Muchas gracias.

Make up

Make up

Siempre tuve

un miedo irracional

a la mujer que se esconde

tras el maquillaje.

A veces,

son tan hermosas por fuera

que temo

enamorarme del envoltorio.

Son regalitos

bajo el árbol de Navidad.

Permíteme

perder ese miedo,

juntos,

bajo la ducha,

con el único polvo

que no cubra tu cara,

sino tu alma,

con la pureza que se filtra

bajo los poros de tu piel

y el goce

de mis labios tibios,

con la cara limpia

y el vientre

lleno de mordiscos

para acabar abrazados

en un interminable momento

que dura tan poco

como tarda el Sol

en entrar por tu ventana.

El amanecer será

quien nos diga

si he perdido

ese miedo irracional

al maquillaje o,

simplemente,

me enamoré

de tu cara oculta.

Soy un loco

enamorado de la Luna

y su rostro inmaculado

de blanca leche

derramada en un haz de luz

que ciega mis ojos

                    …y, aún así, me pregunto:

                        ¿Qué habrá escondido

                        tras la radiante pureza

                      de un rostro tan perfecto

                         que parece esculpido

                         por la mano de Dios?

Mírate, chiquilla

Poesía recitada y escrita por Naxo García.

Dedicada al amor sin condiciones que siento por ti...

Te quiero

La frágil silueta de un cuerpo pintada en tiza

Hoy me acosté

sobre la silueta

de un cadáver

dibujada en tiza.

Absorbí

la sangre inocente

derramada

por la culpa

de alguna causa

que no conoció palabras.

Y,

allí acostado,

me sentí el hombre

más afortunado del mundo.

Me puse en la piel

de aquel que ya

había dejado de sufrir

la lenta agonía de la vida,

el paso por el laberinto

de cristales rotos

y espejos sin reflejo.

Hoy,

por fin,

encontré ese lugar

donde descansar de las pesadillas

que revolotean en mi cabeza,

como mariposas

sobre un campo de girasoles.

Un lugar

en el que me siento

querido

y arropado.

Donde encajo

a la perfección.

Donde solo

hay lugar para uno

y no cabe

la indiferencia del mundo,

la cotidianidad,

la envidia

y las prisas

por ser más cabrón

que el vecino.

Hoy,

por fin,

tuve un ratito

de paz verdadera.

Estoy dibujando,

con tiza blanca,

mi propia silueta en el suelo.

Una huida hacia delante

con una venda en los ojos

y a corazón descubierto

 

                                  ... no me llames cobarde.

                                           Llámame soñador.

La dignidad y tu puta mirada

Sin ti... (Pintura de Gonzalo Espada)

Sin ti,

este banco

solo sería

un banco

donde descansar

y ver pasar

las palomas;

el tiempo,

                   … la vida.

 

Sin ti,

yo,

no sería más

que un músico callejero,

un payaso

de medio pelo,

incapaz de subsistir

en la vorágine

de los pasos errantes

y las prisas

de los gatos

por cruzar la calle,

cuando pasan coches.

 

Sin ti,

cada cosa

seguiría siendo,

eso

                      ...tan solo, cosas.

 

Qué inocente ceguera

nos amamanta

con la leche

del desaliño

y el azúcar

que crece

en el cañaveral

junto a la ribera

de tus labios.

 

Sin ti,

todo sería

tan aburrido

como las notas

de un saxofón dormido.

 

Y,

mientras tanto,

los colores del mundo

se agolpan

en bastas pinceladas,

creando

paisajes de armonía,

para no pensar  en nada

cuando,

sin ti,

veo

pasar palomas,

veo

pasar la vida.

Te toco,

me tocas,

sonamos,

las manos,

las notas,

te amo,

me amas,

queremos,

podemos,

te espero,

 

…te quiero.

 

   Mis Poemas

 

 

Tríptico de una herida

Basado en la ilustración de Juan Calderón

Realidad: Vil Cortesana

Poesía recitada

Tempestad en ti

Grita mujer, ¡grita!

Grita mujer, ¡grita!

 

Beso tus labios

y tus muslos

anudan mi cabeza

al vuelo de tu éxtasis,

entre Venus

y un paraíso natural

de tierras fértiles.

Contigo soy capaz

de hablar tantas lenguas

como placeres se encierran

tras el adiós de las mañanas.

No habrá mayor placer

en este mundo

que lo dicho por el idioma

que nuestros labios inventan

bajo el mandato de mi lengua

dibujando trazos desordenados

sobre el lienzo de tu piel.

Humedades que recorren

la piel erizada de una mujer

cuando grita

de la única forma

en que se debería gritar.

Después de la tormenta

 

Llora un ángel

al descubrir su desnudez.

Han caído en ocre muerte

las últimas hojas del manzano.

Las agujas del reloj

perdieron su rumbo

al fragmentarse el eje

que las mantenía

en la fatídica cordura

de la cadencia

que marca la vida.

Se deshizo

el rumor de un sueño

bajo el oleaje

que baña con pesadillas

la mar embravecida

del día a día.

Calcetines mojados

en una primera cita.

Frío en las yemas de unos dedos

que acarician tu espalda.

Un último beso

con ojos abiertos.

El sonido inquietante

del crujir de la porcelana

al quebrarse un corazón

                    ... qué desdicha nos trae

la mañana del mañana

y la tarde del ayer.

Y así,

en lamentos

que no valen su tiempo,

pasamos

los mejores versos de nuestra vida

y dejamos escapar al viento

esas pequeñas cosas

que vienen después

del monstruo del momento

que se esconde en el armario

y no te deja conciliar el sueño.

Buenas noches,

amor,

descansa con los ojos cerrados;

donde habitan

los después del momento.

                       

                          -Dale una oportunidad a la calma.-

¿Qué es poesía?

¿Qué es posesía?

                       

                           ¡Qué es poesía!

                   ¿Y tú me lo preguntas?

                 (Rima XXI G.A. Bécquer)

 

Tienes algo

que el resto no tiene.

Tienes ese don,

ese no sé qué

que te hace irresistible

ante las mentiras

que me cuentas,

cuando estoy desprevenido.

Eres ese tímido Sol

que todos buscamos

al cruzar la calle,

en enero,

y que nos pega

a las paredes

encaladas de blanco,

como a lagartijas.

Eres aroma

a café en la mañana,

brisa de verano

entrando por mi ventana,

lluvia imprevista

en mitad de una riña

                    ... y, como en las películas,

acabas convertida en beso.

Tu nombre

está compuesto

por rimas encadenadas,

que se entremezclan

con mi nombre,

para, así,

bajo el fuego de la fragua,

juntos,

forjar los mejores versos.

Porque tienes ese algo

que te hace ser poeta.

Aunque en realidad,

he diseccionado

los surcos de tus labios

para estudiar tus besos

y comprender

a ciencia cierta

el origen de esos versos.

¿Regalas versos con tus besos

o son los versos

los que viajan en tus besos?

La etimología

ha desvelado

que tú

no eres poeta.

Me dice que eres

la única forma posible

de entender la vida.

Que tú eres,

simplemente,

el punto de encuentro

de todos los sueños

contenidos en el Universo;

la matriz

donde se gestan

los estados de la materia

que darán a luz

el secreto de tu ser,

la virtud de la belleza

que te convierten

en la única

respuesta posible.

 

¿Qué es poesía?

                 poesía

                       … eres tú.

Quisiera contarte que todo sigue igual

Querría contarte que todo sigue igual

 

A mis cuarenta y muchos, me gustaría poder decirte cara a cara que aún siguen viviendo esas voces en mi cabeza.

Que el mismo día en que florecen los prados nieva sobre el mar.

Que la montaña rusa es mi medio de transporte para llegar al día siguiente, y al otro y al otro y al otro

                    … hasta el final de mis días.

Me gustaría decirte que los fantasmas que aullaban en mis oídos durante la noche han crecido junto conmigo y se han vuelto descarados.

Ya no necesitan la negrura de la noche para esconderse tras el cabecero de mi cama; ahora me buscan en cualquier lugar.

Pero he aprendido a quererlos.

No me asustan.

Lo malo de todo esto es que no todo el mundo lo entiende como tú.

Al final, madre no hay más que una.

Mis venas siguen intactas y eso que las veo abrirse en canal y sangrar a borbotones.

Cada vez con más frecuencia.

Y ya lo dije una vez “no estoy más loco que el que inventó la palabra cuerdo” pero después de decirlo no me lo creo ni yo.

¿Sabes? Ahora juego a ser poeta.

Escribo miles de versos y luego los borro.

Escribo miles de estrofas empañadas en lágrimas que acaban siendo poemas de amor. Y luego rompo a llorar por ser tan cobarde.

Tengo miedo a defraudar a la hierba cuando la piso en los parques; de asustar a mis ojos cuando veo sonreír a la gente por la calle; de descubrir que las llagas de mis dedos nacen al acariciar el mármol de tu nicho cuando te susurro todas mis verdades.

Porque al fin y al cabo, nunca fueron mías, fueron nuestras.

Mamá, a mis cuarenta y muchos he vuelto a darme cuenta de la necesidad de darte la mano hasta llegar a la puerta de ese señor con bata blanca que me regalaba caramelos para ser un niño normal.

        Querría contarte que todo sigue igual

                               …pero sería mentira.

La belleza de una boca mellada

La belleza de una boca mellada

 

 

He perdido dos dientes

por pensar que la justicia

se defendía con los puños;

que la razón,

como las letras,

con sangre entra.

He perdido dos dientes

por cosas

que me importaban un carajo.

Era buena costumbre esa

de tener siempre

una bala en la recámara

por si te veía venir

                             …y volarme la tapa de los sesos.

Evitamos amar,

a toda costa,

por miedo a perder

la dentadura entera

con la que intentamos

comernos el mundo.

Somos tan libres

                              … como ridículos.

Y hoy,

le pregunto

a ese yo de la fotografía,

ese de la sonrisa perfecta,

si esa paz en el aire

era fruto

de mantener todos los dientes

o era por no atreverse

a hablar de guerras.

La guerra de la verdad;

la guerra de las mentiras;

la guerra de los bandos

donde todos tienen razón;

la guerra de las diferencias

entre amar

y un calentón del quince;

la guerra de jugar

a ser adulto

o coger el toro por los cuernos

cuando empieza

a rascar el albero.

Le pregunté a ese joven

de sonrisa perfecta

y boca abierta

si ese hueco

entre su lengua

y el paladar

estaba tan vacío

como su pecho

o colmado de indecisiones

entre el sí y el no,

entre vivir

o ser

la eterna sonrisa Profident.

Creo que la respuesta

es tan obvia

como los paréntesis que habitan

en esta fila de dientes.

Estas oquedades

son lo mejor  que un hombre

puede padecer

cuando echa un pulso con la vida.

Con tu permiso,

voy a ponerme los guantes,

saldré a ring

y te robaré

un millón de besos consentidos

                              …porque prefiero la paz de tu compañía

a la guerra de mis dientes.

 

                                             -Corazón herido,

                                       dentadura desajustada

                               y unos puños que piden acción.-

Manual para dejar una impresa una bonita sombra

Manual para dejar impresa una bonita sombra

 

He salido a hablar con mi sombra

porque supuse que ella

ya estaría allí afuera.

Y al salir a la calle

ahí estaba,

jugando a ser Dios,

haciéndose

a mi imagen y semejanza.

Está enamorada

del suelo que piso.

No me ama a mí.

Se siente celosa

porque mis pies rozan

la tierra

por la que ella bebe los vientos.

Y carga su propia cruz a cuesta.

A veces,

desaparece para confundirme

con el reflejo en los cristales.

Pero esa imagen sí soy yo.

Sí;

late un puño

dentro de su pecho.

Mi puño y sus desgarros.

Mi pecho y sus espacios.

Yo la busco en todo momento,

la busco,

la incito

y me insinúo.

El día que me di cuenta

que estaba enamorado de ella,

el miedo

despeinó mis pestañas.

Intento acariciarla

                    … y no puedo.

Mis manos se cubren de polvo

y mi cielo se arropa con nubes.

En la noche me abandona

y me deja maldiciendo

las promesas

que alguna vez me hizo al oído.

Que se quedaría conmigo

                    … para siempre.

A veces,

siempre,

dura un instante.

En las noches

me siento una puta

con los privilegios

que otorgan la luz de una vela.

Enciende mi cuerpo,

me abrasa con los recuerdos

de las sonrisas

que no veo en ella

y, al final,

terminamos diciéndonos adiós.

Se lo he dicho tantas veces

que se ha convertido en rutina.

Tanto que cada adiós

                     … apesta a vuelve.

No sé qué es el amor.

No descifro la definición

que encierran los diccionarios

o los disparos a quemarropa

con los que se suicidan

los poetas

de una noche y un hasta luego,

que se enamoran

de la primera sombra

que se les pega a la espalda.

Creo que lo más parecido al amor

debe ser eso que siento

cuando la luz,

antes del ocaso,

abraza y rodea,

con sus cálidos rayos,

este cuerpo

suspendido en un columpio

para no invadir tus sueños.

Porque cuando apareces

que no vienes

a recelar ese suelo

                    … que ya no piso;

que has vuelto

porque te estás volviendo loca

por la hermosa silueta

que mi cuerpo

deja impresa sobre la acera,

y que mis pies

                     … ya no tocan.

He escrito un manual,

con la punta de mis dedos,

en los huecos en blanco

entre el Sol y tu pelo,

para que las sombras

se enamoren de los cuerpos

y deseen hacerse el amor

                     … en todo momento.

Que se amen sin saberlo.

Y que nos volvamos fuego

que nos consuma a cenizas,

que no importe

si me tienes de espaldas,

si te tengo de frente,

si nos tocamos a lo lejos

o al simple roce de unos dedos.

Que la intención sea

no separarse nunca

incluso sabiendo que ya

                    … no estás conmigo.

Porque, aunque los recuerdos

existen

para poder ser olvidados,

yo prefiero tenerte a mi lado,

cogerte de la mano

para saltar al vacío,

que seas una estampa

retenida en mi memoria

o una imagen

en movimiento acompasado

en el cristal de mi mirada

                    … para toda la vida.

Porque sé que eres,

tú,

la única sombra

que este cuerpo

desea proyectar.

 

                          Al final de este

Manual para dejar impresa una bonita sombra

        he dejado una página en blanco.

Quince para las nueve

Quince para las nueve

¡Corre, corre siguiendo los pasos de nadie!

¡Corre, por tus muertos!

pero cuídate de no pisar mi estrella enterrada a la orilla del mar.

Desapareces con pasos confusos, que espero sean, para no volver jamás.

Y aún así

                      … te espero.

Siempre creí que quien espera, desespera.

Pero amar no es como uno espera así que no me voy a desesperar

por esta cicatriz con nombre.

Quince para las nueve

                     … y el tren no llega.

Sé que soy imbécil por esperar el tren bajo las olas,

en esta estación de olvidos donde quedó abandonada mi estrella en el mar.

Historias oxidadas por la sal que acumulan las lágrimas derramadas

por prestar atención, tan solo, a las palabras

y no al corazón desde el balcón de las miradas

que, normalmente, son las que hablan.

Quince para las nueve.

Miro el reloj.

Te echo de menos.

Sí.

Pero estoy bien sin ti

              … y mejor conmigo.

Mantengo la esperanza encerrada en un puño

y con el otro, me asomo al vacío.

Rompo el silencio de tu voz perdida,

con un suspiro, cavando la tumba en la orilla,

donde se esconde mi estrella

               … huele a mar a un lado de mi mejilla.

Quince para las nueve.

Una lágrima se posa donde antes hubo sonrisas.

Soy el polo opuesto al límite;

a la luz;

a la línea del horizonte

y a la culpa de necesitarte.

Quince minutos para las nueve

               … quince

para superar las primeras veinticuatro horas

de esta adicción a quererte del vicio de ser siempre dos.

Hoy mi estrella, bajo el Sol, sobre la arena, se siente sola

               … se siente plena.

Quisiera poder salir corriendo hacia alguna parte,

pero lejos de la orilla donde perdí mi estrella

porque estoy, más que seguro, que tú ya estarás allí.

Y eso es lo que más me duele.

Que ahora que te has ido

                …ahora, parece que te importa.

Quince para las nueve.

 

                    -Hoy no existen excusas para que este día no sea mejor que ayer -

Elijo el pecado de los lunares sobre tu espalda

Elijo el pecado de los lunares sobre tu espalda

Coincido con la oscuridad del cielo que se viste con los lunares de tu espalda.

Coincido en destacar la belleza que se esconde en ellos,

en la imposibilidad matemática de contar, una a una,

cada estrella que decora tu piel de porcelana.

Coincido con la luz del tiempo que se refleja en el reloj de arena que hallé en ti;

en ese cosmos colmado de oasis donde la línea del horizonte de mis ojos tomó

conciencia de tu norte como punto de referencia.

Y sacié mi sed con el agua que manaba del manantial profundo de tus miedos

y hallé cobijo bajo la sombra de las palmas de tus manos.

Coincido con la luz del tiempo que convirtió en anécdotas las batallas perdidas,

las derrotas padecidas después de sobrevivir a mis demonios.

Yo era ateo hasta que encontré el lugar donde termina mi pasado.

Hasta que conocí al Dios de tu boca, la religión de tus labios

y La Biblia tatuada en los bordes de tu pecho.

Coincido con la luz del tiempo que me castiga por los pecados cometidos.

Y la sonrisa de esa luna burlona que atesora,

entre su boca y la falta de dientes,

los deseos de morder tu blanca carne salpicada de pepitas de chocolate.

Yo era ateo y jamás pensé en el pecado hasta que deseé

comerte a besos sin dejar migajas.

Matarte a polvos con premeditación y alevosía.

Morir de pereza entre tus brazos y hacer de la lujuria mi forma de vida.

Estamos condenados

                      … a querernos.

A perseguir la luz hasta el infinito como un par de ángeles caídos.

 

                      -Coincidencias entre tu espalda y el cielo.-

El hilo rojo del destino

El hilo rojo del destino

Cuánto te quise.

Cuánto pensé que me querías.

Construí un Universo de calderos

rebosantes de nortes y astrolabios.

Y surcamos los cielos

siguiendo las pautas

de una carta de navegación

desteñida y obsoleta.

Cuánto amor hecho trizas

ha acabado en el desguace.

Y dudo si esto que siento es amor.

Creí que aún te quería

pero me parece que aquello,

más que amor,

fue una clase de anatomía forense.

Sangran las costuras

del tejido amargo

que cubren mis huesos

donde las vísceras

comienzan un baile agitado,

un vórtice que transmuta

en un Twist and Shout,

una caótica expresión de sentimientos

e intentos de atrapar

la luz del Sol con lazo,

como si fuera

un caballo salvaje

en la pradera del dolor.

Escaramuzas para invadir

la cara oculta de la luna

con un batallón de poetas

armados con fusiles de poemas

y afiladas bayonetas de versos.

Y la luna vierte su sangre de leche.

Sangran las costuras de mi universo

y se derrama el agua

de mares y océanos

dejar secas las rutas navegables

que llevan

hasta los puertos de la cordura.

Una lucha

contra la crisis emocional

de las flores

que decoran el jarrón

de una lápida sin nombre.

De un soldado muerto

por el impacto de un beso

en otros labios.

El intento de caminar

tras el zumbido de las abejas

a campo abierto.

Y me susurran

los puntos y comas

de esa canción de amor

que jamás escribí para ti

                                                     … ni para nadie.

Me susurran

que en eso del amor

todo vale.

Que administre las pausas

y los puntos finales

de esa poesía

que aún está por escribir.

Y yo, en mi fuero interno,

sé, o debería saber,

que no preciso amarrar al Sol

para que ilumine

la oscuridad de mis días.

Ni encerrar las lágrimas de la luna

en un frasco de cristal

para no olvidar

que incluso los astros

pueden sufrir.

Si sangro es

porque aún estoy vivo.

Si sangro es

porque la herida que me provocaste

no fue mortal de necesidad.

Sangran las costuras de este corazón

remendado con el hilo rojo del destino

que, irremediablemente,

me llevará a esa persona

que se encuentra al otro lado,

y que ya sé

                             … no eras tú.

Ahora empezaré a tirar

del hilo rojo del destino

sin miedo a descoser las suturas

de este pecho herido.

No tengo prisas.

Pero tiro

del hilo rojo del destino

y silba,

como la cuerda afónica de un arpa,

recitando aforismos

de amor y esperanza

Tú; sí tú, que estás ahí detrás,

que tu sangre asoma

por las grietas de tus venas.

Tú, estate pendiente,

no vaya a ser que sientas

un tironcito en tu corazón.

Si es así,

tensa el hilo,

rasga el arpa

y arrástrame hasta tu lado.

Supongo que tus tejidos

también deben estar sangrando.

Yo, por si acaso,

sacaré lustre a mis zapatos,

cortaré un ramillete de poesías

y mostraré mi mejor sonrisa.

Tener el alma despedazada

no es motivo

para retar a la fortuna.

 

                            -A veces, el destino es caprichoso-.

No me toques los huevos

Dedicado a Luna, Abdou y a los abrazos naturales y espontáneos que nacen del corazón.

No me toques los huevos

Me cansa,

me cansa,

me cansa…

cuántas veces

tendremos que justificar

las evidencias.

¿Es respirar necesario?

¿Si te pinchas sangras?

¿Es el arcoíris

un gradiente continuo

de colores espectrales?

¿Mata la bala

o mata su velocidad?

Joder,

cómo me cansan

las supremacías

vestidas de limosnas.

Un abrazo

que da la vuelta al mundo

                  … maldita dulzura

si el precio a pagar

es compasión de portada

a todo color.

Cascarones rotos

que encierran medias vidas

imposibles de diferenciar.

Una vida es una vida.

Y

mientras los sueños

se confunden con pesadillas

y el sonido del mar;

la tarde

cae en la sabana africana

donde una joven color azabache,

descubre sus senos

con pezón de trufa,

la brisa enmaraña

los anillos de su pelo

y un hermoso angelito negro,

de esos de Machín,

de los que también

irán al cielo,

ese hermoso angelito

calma la sed

y sacia su hambre

mamando

del odre de leche materna.

Al terminar,

una gota

se derrama de su pecho

y recorre su vientre

sin pasar inadvertida.

Tan blanca

como una lechuza

sobrevolando

la negrura de la noche.

Tan blanca

como cualquiera.

Tan blanca

como el blanco de sus ojos

                  … y de los tuyos.

¿Lo entiendes?

Me cansa,

me cansa,

¡joder cómo me cansa!

Ojalá un día

la noticia sea

que dos desconocidos

se abrazan,

por algún motivo,

y no porque sus pieles

sean luces y sombras.

Un día de estos

mis hijos

tendrán suficiente

con llamar a sus amigos

por su nombre y apellido.

Lo de “el negrito”

“la chinita”

o “el morito”

dejémoslo para el olvido.

Somos vidas empaquetadas

en cascarones

que juegan

al capricho de la melanina.

No es tan complicado.

Soy experto

en mordiscos de perros

que me han desgarrado la paciencia

y ya no sé aceptar

ciertas cosas

que no caben en mi vida.

Tengo el veneno

naciendo por dentro.

¡Ay amor!

¿Es que no ves

que se me abre la boca

por no entender la diferencia

entre tu cielo y el mío?

Así que,

a no ser que

vayas a hacerme una tortilla

                   …no me toques los huevos.

                                       -Los colores nacieron para generar belleza-

 

Dedicado a Luna, Abdou y a todos los abrazos naturales y espontáneos que nacen del corazón.

Jaque al Rey

Intérprete de sueños

que anuncian

la caída del imperio.

El frío invierno ya está aquí

y ha cubierto

con fina nieve

las proclamas que ondeaban

sobre el verde follaje.

Todo se ha vuelto níveo

y el horizonte

se confunde con las nubes.

Jaque al rey.

Tiemblan los cimientos

del amor verdadero

ahora que todo

parece más hermoso.

Ese árbol viste un manto blanco

por el que todos suspiramos

al ver su belleza.

Pero ese árbol

volverá a recuperar

el mate de su reflejo

y los suspiros

se perderán

en la cotidianidad de las nubes

y el calor de la indiferencia

esperando

una nueva nevada.

Y nos preguntaremos

¿Dónde está el amor?

Jaque al rey.

Somos tan estúpidos

que nos dejamos seducir

por ese amor idealizado

del que todos hablan

-¡malditos poetas!-

pero al toparnos

con la puta realidad,

face to face,

nos cuestionamos

nuestros propios sentimientos

y nos decimos:

“yo también quiero eso.

Ese amor de cuento”.

Jaque al rey.

Pero el amor

no está construido

con bases científicas

que se puedan ratificar

o con heurística

y algoritmos matemáticos

que denoten al amor

como una ciencia exacta.

Ni mucho menos.

El amor es más bien

una fuerza indefinida

que te atrae y repele,

como los campos magnéticos,

pero sin una teoría válida

a la que agarrarse.

Unos días amamos,

otros odiamos,

los más malos

deseamos la muerte,

pero al final

nos basta con llorar y,

la mayor parte de las veces,

todos esos días

de la mano

y de las heridas

surgen nuevos comienzos

que desvelan

el camino de la razón.

¿Jaque al rey?

Un manto de nieve,

un mechón de pelo

que juega en tu mejilla,

el rojo tatuado de tus labios,

el contoneo de tu cintura,

una carcajada inesperada,

la hipnótica luz de una mirada,

el olor a recién duchada

o el sonido

del elástico de tus bragas…

Este es el pret a porter del amor

con el vestimos nuestro día a día

y a mí

me parece suficiente.

 

                   -Quedamos en tablas-.

La vida es así

Poesía recitada

La vida es así

Con la mirada

puesta en la vela,

la llama

quema tus pupilas

y

convierte en cenizas

las rosas tempranas

de tu mirada,

que hoy

estaban ya tan secas

como el laurel

de mi cocina.

Y así,

un día,

te das cuenta

que estás lejos,

muy lejos,

de tus sueños,

de tu ideal de vida,

de aquello

que alguna

vez creías tan cerca.

¡Qué lejos queda esa vida!

por la incapacidad

de vencer al reloj

y sacar tiempo

para poder consumirla.

Qué locura de paradoja

es esto de la vida

                … ella

es quién nos consume a nosotros.

Como el calor

extingue la cera de la vela

hasta convertirla en las ruinas

donde expiraron

los últimos vestigios de luz.

Oscuridad macabra

ante el vacío

que se cierne

frente a nosotros.

Al mirar a tu alrededor

sientes vértigo.

Nos hemos acostumbrado

a vivir

tan cerca del precipicio

que,

sin quererlo,

llamamos vida

a este incendio

que habita en nosotros

y

a la jodida

y violenta

forma de escalar

al paraíso de los éxitos

donde

sus paredes

se pintan con sangre,

se decoran con esquelas

y todo,

todo

lo dirige

esa mano asesina

que deja

el cadáver de tu existencia

con un orificio de entrada

y otro de salida

sin posibilidad de remiendos.

Somos muñecos de cera

en busca de una llama;

somos la mejor fotografía

sobre un carrete velado;

somos seres invisibles

queriendo proyectar

una sombra alargada.

Somos pura dicotomía

entre luces y sombras

luchando por consumirnos.

La vida,

la vida es así,

un sin sentido

que nos llena de cicatrices

a las que llamamos experiencias.

Una pelea constante

por dejar de ser mediocres;

¡un puñal en la espalda;

un tiro en la cabeza!

Paredón

donde te fusilan las mentiras.

Acostumbrarse

a la pequeña muerte

de los amaneceres,

que arrastra

por el sumidero de la bañera

los sueños que se pegaron

a la piel sudada

entre las sábanas,

la oscuridad de la noche

y

el filo de unos ojos entreabiertos

esperando

no morir de ceguera.

La vida,

la vida es así

              … un suicidio colectivo.

Pero yo lucho,

he luchado

y lucharé

por atrapar

con una red de versos

el vuelo de las aves

que encierran entre sus plumas

el verdadero significado

de la palabra libertad,

razón de vida,

¿no crees?

Y si alguna vez

tengo la fortuna

de apresar

el vuelo de las aves

y

el canto de sus trinos

volcaré

la fragancia de su ungüento

en mi triste poesía

para así

llegar a descubrir

que en esta vida

              … somos algo más que dolor.

La gravedad de la gravedad en la gravedad de las cosas

La gravedad de la gravedad en la gravedad de las cosas

Apoyá en la fuente, viendo volar gotitas de agua que salpican sus pies,

mientras los hilos de plata se hacen y deshacen luminiscentes

al influjo y el capricho de las líneas imaginarias de los rayos de Sol.

Lo insólito de las cosas simples es que en su naturaleza, casi estúpida,

es donde se encuentra la complejidad de ese primer impulso al que nos asomamos

cuando creemos encontrar la felicidad.

La vieja señora no entiende de gravedad ni de tuberías;

no imagina la importancia del saber de las cosas que, a priori, parecen tan simples.

La vieja señora no entiende de patriarcado ni machismo,

no sabe de empoderamiento o igualdad.

Apoyá en las costumbres, no cuestiona mandamientos ni conoce misoginia.

¿Sexismo? Ella no habla de guarrerías … tan solo se dejaba hacer.

¿Violencia de género y doméstica? Algo habrá hecho, digo yo.

El feminicidio no es culpa del macho porque ellos … son así.

¿No sabes que no se les pué decir que no?

Y un runrún de voces se entremezclan con las gotas de agua que rompen en su caída.

Y todo le parece tan bello que se le olvida el dolor del mundo,

el calvario de tanto peso sobre la espalda

y el luto que vestimos para engañar a la muerte y que nos confunda con las sombras.

Apoyá en la fuente, con la mirada vacía, ha dejado pasar una vida androcentrista

con la naturalidad con la que el agua de la fuente se desparrama

por el simple influjo de la gravedad.

Tal vez, sea la fuerza gravitatoria y su alcance infinito entre dos cuerpos

o esa fuerza central (como el androcentrismo) que se asocia a lo normal de las cosas

o la importancia de las distancias que interfieren proporcionalmente con las fuerzas

              … no sé.

Quizás, la gravedad de la gravedad no radique en las fuerzas que las atañen.

Quizás, la gravedad de la gravedad sea no preguntarse el porqué de las cosas

y no buscar una salida más allá del dominio de planetas y estrellas.

Apoyá sobre el filo de la fuente la vieja señora no se imagina

que cuando ella falte, descansarán bajo tierra unas piernas cansadas,

un montón de amor, las costumbres, la obediencia, el mirar hacia otro lado

y el conformismo.

Tan solo espero que de la tierra broten ramilletes de igualdad

en honor a una vida que, buena o mala, dejó que el dolor le curtiera la piel.

Ojalá no sea tarde para que las nuevas generaciones rieguen las florecillas

con el agua de la fuente y lejos de cortarlas las dejen crecer y florecer

                        …y el mundo se contagie de una pandemia de igualdad.

Platero ya fue abuelo

(…) A veces se suben

en el borriquete sin alma,

y con un jaleo inquieto

y raudo de pies y manos,

trotan por el prado de sus sueños:

¡Arre, Platero!

¡Arre, Platero!

(Juan Ramón Jiménez)

 

Ha llovido mucho,

muchísimo,

desde que aquel burrito pequeño,

peludo

y suave,

dejara de trotar por el prado

bajo la luz de Moguer.

Los niños pobres

ya no lo son tanto;

ni pobres,

ni niños.

Ya las lunas reflejadas en el río

han cambiado de color,

ni blancas,

ni plata,

ni cobre.

Ahora las lunas

reflejan su pálida luz

sobre tejas rojas

que se bebieron

el curso del río.

Platero ya no acuna

las espigas a su paso,

ni calla a los ruiseñores;

aunque, si guardas silencio,

tampoco los oirás cantar.

Quién sabe si también estarán

enterrados al pie del pino grande y redondo

del huerto de la Piña,

que a él tanto le gustaba.

Pero no creas que su muerte

en páginas de papel

dejó despobladas mis tierras

de imaginación de burritos,

rosas y zarzamoras.

¡No, qué va!

Platero fue padre de poetas

paridos por la luna

tras quedar en cinta de unos versos

que algún canalla recitó,

cobijado por el crepúsculo,

desnudo,

entre las aguas teñidas de rosas,

carmín

y violetas

cuando el Sol las profana

cada tarde en su huida.

Y las tierras de Moguer

cubiertas de un fino manto verde

con sus hilos de oro y plata

se bañan con tibias ráfagas

de dorados rayos.

Y mariposas,

de tantos colores

como la luz pueda imaginar,

juegan por todas partes,

entre las flores

que esparcen su polen

con la algarabía de los niños pobres

cuando se creen príncipes

llevarse a la boca

una hogaza de pan.

Y así, con la brisa que el océano

trae hasta los campos de mi tierra,

la simiente de la poesía

se clavó en los hijos de Platero,

que ahora ya es abuelo.

Y otra generación,

bajo la sombra del pobre Platero,

juega a lomos

de un borriquete de madera;

una silla,

un bocado

y un ronzal; sin alma,

entre juegos y risas

trotan por un prado inventado,

a través de sueños

cargados de moras

y claveles,

de cuentos

y nubes de algodón,

de lírica,

prosa

y poesía;

sin siquiera darse cuenta

que ya han escogido

el camino a la perdición,

a una vida

que vale tanto la pena

amarla

como dejarse llevar

y convertirse en poeta.

Sueño de verano

Sueño de verano

Kent R. Wallis:

Del alma al lienzo.

Así reza en la portada de su libro.

Un alma. Un lienzo.

¿Qué hay de diferente en ellos?

En el alba de nuestros días,

la blancura del alma

se asemeja al blanco del lienzo

que el artista pretende violar.

 

La belleza del mundo,

a veces,

es la idolatría del artista

para con este.

Donde unos ven

un precioso paraje

salpicado de colores,

de flores,

de árboles imposibles,

y casas encantadas

               … otros encuentran un miedo atroz

a lo desconocido;

a aquello

que se esconde tras lo invisible,

bajo un pegote de óleo

y toques de espátula.

Lo bello es tan efímero

como los suspiros

después del orgasmo.

Perdura más en nosotros

la cobardía,

los sobresaltos,

el recelo,

el temor

y la vergüenza.

Y yo me pregunto:

¿A qué esperamos para levar anclas

y liberarnos de este miedo al fracaso?

Mi alma,

mi amor,

mis versos

y mis manos

como epílogo de mis sueños.

Rebuscando

en el cajón de los calcetines

encontré en una esquina,

dobladita con mucho cuidado,

lo que me quedaba de vida.

La tenía guardada

para el día

que mereciera la pena sacarla fuera

y vestirme con ella.

Al desdoblarla,

dos lágrimas brotaron de mis ojos

y la reflexión difusa del recuerdo

inundó de luz mi habitación.

Cuánto tiempo perdido

temiendo lo que se escondía

detrás de la última pincelada

de tantas historias

que me negué a continuar

             … por si tenían un final

que me hiciera daño.

Cuántas veces dejé escapar

la posibilidad de ser feliz

por miedo

a tan siquiera intentarlo.

“¡Vive joder, vive!”

Resuena en mis oídos

mientras abandono mi cuerpo

y recorro los paisajes

de un ayer,

de un sueño de verano,

cargado de una inusitada belleza impresionista.

Y me río al pensar

que alguna vez

pude sentir pánico

a abrazar sus colores,

a mezclar los tonos que contenían

e inventar imposibles

que dotaran de sentido

la mediocre luz de los días

que había convertido

el blanco de mi lienzo.

Ahora,

me prometo a mí mismo,

que voy a partirme el pecho

hasta desgastar

la vida que me queda

            … intentando vivirla.

Y es que,

para qué sirve la vida

si no es para hacerla girones,

para perderla

en un frenesí de locura

de tanto usarla.

De qué nos vale

planchadita y triste

dentro de un cajón.

Somos víctimas de nosotros mismos.

Nadie mejor que tú

para hacerte daño

o para perdonarte

y buscar esos instantes,

ese sueño de verano,

al que llamamos vida.

 

                      -Vive, sueña, ama

                         … y déjate llevar.- 

Se llamaba… no te olvidaré

En la radio

sonaba Sabina.

Me sorprendí

abrazado al aire

con los ojos

empapados en recuerdos,

entre las cuatro paredes

de mi habitación

y susurrando:

                    “y empecé esta canción

                                en el cuarto

                           donde aquella vez

                           te quitaba la ropa”

 

Se llamaba

                 …no te olvidaré.

De apellido jamás.

Me dejó un dormitorio

fruto de los cuentos,

hermoso,

cargado

de los ecos de su risa,

con un mar de corrientes

que siempre arribaban

a la isla de sus brazos

                     …pero tan vacío

como la conciencia de Dios.

Llegó

por vez primera

haciéndome reír,

con las manos tan vacías

como sus complejos,

con el pecho preparado

para cobijar mis sombras

y

mi armadura.

Llegó

con todas las respuestas

aunque yo

no tenía preguntas.

Llegó

como aprendiz

de primeras veces,

con la piel tan limpia

como la mirada de un niño.

Y mírame ahora.

Busco una puerta abierta

en este palacio de tristezas

en que se han convertido

la rutina de mis latidos.

Como duelen

los abrazos para uno

y el echar de menos

los que no le pude dar.

Como duelen

los ecos que produce

este corazón vacío

y anestesiado

cuando grita su nombre.

Te juro

que sigo buscando sus ojos

en otros cuerpos,

en otros reflejos,

en la oscuridad

de la tristeza de los espejos

y

en el olor a primavera.

Te juro

que la sigo buscando

en otras primeras veces

y

en el destino de las brisas

que acaban

en el mismo lugar

que empiezan.

Quién sabe dónde.

Se llamaba

                     …no te olvidaré.

De apellido jamás.

Y

te juro

que no la he olvidado.

Ahora

lloro al oír a Sabina

porque todas las canciones

llevan su nombre

y

al llorar

vuelvo a verla

y

el viento del pasado

despeina mi boca

dibujándome una sonrisa.

Alzo la mirada al cielo

y

brindo por la vida

que pasamos juntos.

¡Vuelve!

¡Vuelve!

¡Vuelve!

Este dolor

no me deja ver

que tú

aún no te has marchado.

Qué soy yo

quien tiene que dejarte ir.

Qué habitas en mí

porque conservo tus recuerdos

tan calientes

como el café de los domingos.

Una lágrima;

una canción;

un poema

                    …y una historia de amor.

Y

aunque dicen

que ya no están de moda,

yo

sigo tocando mi guitarra,

componiendo canciones

y

todas ellas

                      …llevan tu nombre.

No huiré después del suicidio de mi alma

Poesía recitada

No huiré después del suicidio de mi alma

Hoy despedacé mi alma

a arañazos,

y mi camisa se descompuso

dejando mi pecho

desnudo

al silente frío de la noche,

que quema mi piel

en arrebatos de yertas dagas

          … que me desgarran por dentro.

Sangran mis venas

fuentes de poesía

de las que estas manos,

incapaces de tocar

un solo de violín,

maman

en la oscuridad de la noche.

¿Puede esta hoguera de vanidades

de la que se nutre el mundo

ser suficiente

para calmar mi dolor?

¿Podría yo escribir

un poema

que calme este frío

que siente mi pena?

Siente este aire gélido

que parece descender

desde las estrellas

al cielo de mi boca,

a la humedad de esta lengua

que padece los desvelos

del abrigo de tus dientes.

Siente como mi aliento se desploma,

como una pesada losa

ante la pasividad de mi mirada,

y el yugo de la quietud de la noche,

que nada nos expresa,

que no me recompensa

por los desvelos sufridos

ante la imposibilidad

de sangrar versos

que se conviertan en los imposibles

que están cosidos

con los finos hilos

que aparentan mantenernos unidos

y escribir

con la tinta de mis venas

un poema

capaz de avivar la tibieza

de tus ojos cerrados

          … esos ojos que apagaron la luz de mis días.

Prefiero morir desangrado

en fútiles intentos de crear

el círculo perfecto

en el que caben tantas pieles

como nombres caben en mi boca.

Boca que solo pronuncia tu nombre.

Le pedí tan poco a la vida

que me tomó por imbécil

sin ni siquiera preguntarme.

No voy a huir.

No busco más

que lo una vez imaginamos

cuando derribamos las fronteras

entre tus desengaños

y las alas de mi porvenir.

No,

no voy a huir

del frío de esta noche;

de la angustia de este paisaje;

del desnudo de esta piel

que te ama;

de los fantasmas del desencanto;

de tu manía de enterrar el amor

en una fosa común

junto a los restos de la hipocresía,

de la razón

y la costumbre.

Si hace tiempo que no me querías,

¿a qué decirme

te quiero

para no hacerme daño?

          …y luego desaparecer.

Este dolor que derrama mis ojos

es fruto del incendio

del origen del tiempo

al que tuviste a bien

prenderle fuego.

Así que,

no busco excusas

para que no te vayas.

Y tú

no necesitas buscar razones

para quedarte.

Si es lo que quieres,

la puerta está abierta

          …huye tras tu corazón.

Hace tiempo que lo echo en falta.

Yo no voy a huir,

(o a perseguirte)

porque solo tengo miedo

a salir corriendo.

Y es que yo

amo los imposibles,

me curan;

anestesian mi alma;

es

          … como un disparo a quemarropa.

                                                 -Cada uno elige su forma de felicidad-. 

Imagina que quieres volver

Poesía recitada

No me mires con esos ojillos a través de tu pecera

No me mires con esos ojillos a través de tu pecera

Si sigues mirando así,

no te prometo nada.

Es imposible

mandar en la razón

cuando la locura

domina tus sueños.

Y

te veo ahí,

encerrada

tras el cristal,

como si fueras

un pececillo

en su pecera.

Y

te veo ahí

                   …enormes ojos de gata.

Tan ausente,

pensativa,

enredada

en tus diabluras.

Son esos ojos

distraídos,

como gata

con palomas

tras el cristal,

los que me vuelven

                 … loco de atar.

Y

no digo yo

que me hechice

su color,

me fascine

su tamaño

o

me cautive

el abanico

de sus pestañas.

Me enamora su mirada

cuando observa

distraída

el pasar del tiempo

y

no sabe que yo

la contemplo

                  … y pierdo la cabeza.

Me apasiona

la paz desordenada

que sus ojos de gata

refleja en el cristal

y

cómo es capaz

de organizar

y

dar sentido

a la caótica luz

que ilumina mi cielo.

Me seduce

el nacer de los eclipses,

cuando nuestros ojos

se encuentran

y

pierden la razón

                 … de los sentidos.

Y

me recorren escalofríos

tan adentro,

que me doy cuenta

cómo ella

me hace el amor

con la mirada,

cómo nuestros ojos

desnudos

son la única verdad.

Es imposible

disfrazar la pasión

con traje de indolencia.

Esos ojos

que hipnotizan mi conciencia,

esos ojos

donde se funden

alma

y

carne

me susurran al oído

que quieren mostrarme

cómo me miran.

Porque

no son los ojos

sino las miradas,

lo que de ti

                  … más me enamora.

Esos ojitos

de gata enamorada

tras la ventana.

Esos ojillos,

que saben hablar,

que saben gritar,

y

proclamar a los cuatro vientos

lo que el corazón

parece no entender

o

impide liberar

a la gata

que se esconde

                … detrás del espejo.

No me mires

con esos ojillos

a través de tu pecera

si no es

para hablar con los silencios

al cruzar nuestras miradas

de cerca,

pegados,

fundidos

en un abrazo

y

que nuestros ojos callen

mientras hablamos

             … con la piel.

La paradoja de la vida

 La vida,

¡Ay la vida!

Esa mentira

que te atrapa

entre sus garras

y

te despedaza.

Te convierte

en girones de sueños,

en harapos de hábitos

que disfrazan identidades,

en mañanas

                    … que nunca llegan.

Vida

con tantas idas

y

venidas

como mareas

tiene el mar.

Un mar

que se traga la edad,

que ahoga

la infantil inocencia

y

asesina los sueños

que alguna vez

creíste realidad.

Así,

así es la vida

que sentencia

sin juicio previo

y

 

castiga con la mayor

de las condenas

                   … el olvido.

Y,

mientras tanto,

yo

maldigo mi existencia

tratando de poner

barreras a las olas

que disipan tu rostro

del álbum dormido

de mis ayeres.

¡Ay la vida!

Que,

a veces,

fingió dármelo todo

sin pedir

nada a cambio.

Y

ahora la vida,

en su última marea,

quema mis ojos

con la sal de sus aguas.

Y

me hace tanto daño.

Mi garganta

se ahoga

con la fuerza de las olas

que rompen

en el almacén de mi niñez

haciendo tan confusas

las huellas del camino

como los sueños

del beodo

en que me he convertido.

¡Ay vida!

¡Ay vida!

Por qué

esta cruel paradoja

se instala en tu nombre;

si tu único objetivo

es la muerte.

Muerte

del cuerpo

y el ama;

muerte

de la razón

y el cuerpo.

Pero

una cosa

sí que te advierto,

vida.

Voy a plantarte cara

si estás pensando

que con un simple tsunami

serás capaz

de recuperar aquello

que una vez

fingiste regalarme.

Vas a necesitar

que las fuerzas de la naturaleza

se aúnan

y

se conviertan

en desastres,

si pretendes doblegar

                    … a este loco soñador.

Aquí te espero

Aquí te espero

¿Cómo se finge la vida?

¿Cómo aparentar que el mar de tus recuerdos

no me arrastra con el oleaje de unas manos

que ya no me acarician?

Y me ahogo entre la sal de mis llantos

y la espuma de tu memoria.

¿Cómo pretender que el sol despierte por el este cada mañana

y se acueste al remanso de tus aguas por el oeste?

¿Cómo se finge la vida

          …después de ti?

Pronuncié tantas veces tu nombre

para evitar que la vida te abandonara,

que me perdí dentro de mí al sentirme desamparado

por lo único que me importaba.

Te convertiste en sombras invisibles que pasean por nuestra calle,

por la esquina que lleva tu nombre.

Te espero,

sintiendo que no perdí las ganas de aquella primera vez,

cuando cruzaste la esquina

y el cielo enmudeció para oír tus pasos.

Te espero como quien sabe que,

tras un par de parpadeos,

tu silueta recortará la postal frente a mis ojos

y una sonrisa bobalicona someterá mi cara.

Me convertí en una imagen anclada en la esquina

donde una vez volaron besos;

en una tormenta incrustada en la mirada;

en un corazón lleno de llagas;

en una pena vestida de sonrisas

que no dicen nada.

La herida de la que mana mi poesía

es mortal de necesidad.

Es por eso que le permito dormir a mi lado,

en la oscuridad de mis días eternos,

para que me lleve

          … cuando quiera.

Y aquí espero,

te espero,

a sabiendas que no abrirán las puertas del cielo

y sin importar que lluevan versos

que me calen hasta los huesos;

te espero inventando sueños

que no caben en un libro

por no existir palabras

ni verbos

ni adjetivos

que puedan expresar lo que siento.

Cómo se finge la vida

si es la muerte lo que quiero

          ...aquí te espero.

Te esperaré entre melancolías

Te esperaré entre melancolías

Apareciste, de repente, vestida de melancolía.

Parecía como si estuvieras en un columpio suspendido de las ramas de la tristeza,

esperando a que el vaivén de su balanceo te diera alas

para desdibujar el reflejo desnudo que cortaba el aire.

Apareciste, de repente, con las penas ya enquistadas bajo un manto de musgo

que bañaba las orillas de una vida malgastada.

Creías que el alma y el corazón se te morían con cada aliento

y no quisiste aceptar el duelo que maquillara tus rasgaduras.

Enterraste el amor que murió en otros brazos

                            … que no te pertenecían.

Te sentías tan sola que te aferrabas a tu propia sombra

para no perder la cordura.

La soledad es eso.

Un espejo en la marisma de aguas descalzas que corren por entre las penas

y reflejan la puta verdad de que todo eso que siempre fue,

realmente, nunca fue nada.

Apareciste, de repente, para golpear mi vida

y perderme en la locura de tus abismos de pequeñas pausas,

en las que enciendo candelas que sofocan en la noche

el negro del desconsuelo para evitar que las sombras del olvido

se apoderen de lo único que nos queda.

Porque hubo una parte de mí que siempre sintió tristeza;

que no perdonó que le amputaran los sentimientos

para jugar al quiero y no puedo;

una parte que, aunque a veces se partiera de risa,

notaba el hueco extirpado que le habían dejado dentro.

Y apareciste, de repente, y sin saberlo, para verter tus aguas en el vacío de mi pecho.

Y con una bofetada de realidad, la más absurda de las realidades,

extrapolaste la rabia que enraizaba mi corazón,

transformándola en cuidados paliativos para sanar mis rotos,

con la esperanza de poder cicatrizar

                              … junto a los tuyos.

  Ya sabemos cuánto duele el amor.

¿Por qué no probar su placer?

Me provocas un deseo irrefrenable de gritarte,

¡de gritarte bien fuerte para que levantes tu cabeza y me mires a los ojos!

Gritarte para exhalar amor en mi aliento

y que respires la pureza de mis aires,

la dulzura de mis vientos

y la calidez de unos brazos capaces de ofrecer el impulso necesario

para que alces el vuelo y hacer pedazos la melancolía que satura tus espacios.

Que el espejo quede sin reflejo.

Apareciste, de repente, para hechizarme en tu hermoso mundo;

porque gracias a ti descubrí que en un pecho rebosante de tristeza

todavía queda espacio para cobijar amor.

Nosotros sabemos qué significa la soledad y la necesidad de ti,

de conocerte, de aceptarte, de saber que la vales la pena por el simple hecho

                              … de ser tú.

Apareciste, de repente, y me regalaste sentir como nunca antes había sentido.

Ahora, yo te esperaré en el paréntesis perfecto entre tu melancolía y la mía,

para que el día que levantes la mirada y alces el vuelo,

la brisa te traiga hasta el aguacero de mis brazos.

Empaparte de caricias.

No te haces una idea de cuánto necesito que nuestros cuerpos

se fundan como olas en la marejada.

Y es que te abrazaría de mil formas

                              … aún no inventadas.

Entre lo real y lo absurdo

Entre lo real y lo absurdo

Equilibrio perfecto

entre lo real

y

lo absurdo.

Refinadas geometrías

de lo natural

enmarcan los pensamientos

de una mujer

que nace

en la abstracta sintonía

de paisajes inventados,

donde el cielo

se funde

y

se confunde

al mecer su cabello

con un sendero

de espigas doradas,

mientras sus ojos

recuestan sus pestañas

con ataduras

de primeras nupcias.

¡Qué dulce se descubren

sus ojillos desdibujados!

Caminito dorado

que me lleva

a la cima de mis sueños

para acabar besando

la sal de sus orillas

y

perderme entre sus aguas

en un barquito velero.

Es lo abstracto

de esta travesía;

los trayectos

que desconozco;

las sendas

aún no abiertas;

el rumbo

desconocido para mi brújula

                              … la que inspira

el sueño

de este funambulista loco

por conocer

qué se esconde

tras esos balcones cerrados.

Sin miedo

a morir en el intento,

en equilibrio perfecto

entre lo real

y

lo absurdo,

me adentro en su voluntad

por el camino más corto,

esa línea recta

que aúnan nuestros sueños.

Pasito a pasito,

como buen acróbata,

cruzo la cuerda

hasta llegar

al fondo de sus sentires

y

violar el juicio de la razón,

donde lo conceptual

y

lo real se convierten

en un mundo nuevo.

Será allí

donde se rompan las ataduras

y

lo que la mente

no comprende

sea traducido

por nuestros corazones

a la universal

lengua del amor.

                            -Bienvenida a mis sueños-.

Tu flor del jardín de los poetas

Flor del jardín de los poetas

Hoy

arranqué tu flor

del jardín de los poetas

y,

tras el crujir de su tallo,

sus pétalos lloraron versos.

Morir

debería estar prohibido

para aquellos

que cultivaron la poesía.

¿Acaso captar

las verdades absolutas

que se enmarañan

en lo cotidiano de la mentira

y

vestirlas con metáforas

y

alusiones

no es digno

de un ser superior?

¿Podrán acaso

morir los dioses

y

las diosas?

¿Podrá acaso

morir la memoria?

Hoy

arranqué tu flor

del jardín de los poetas

y

se calcinaron las quimeras

arraigadas

en cada estrofa

que ondeaba al viento

en un lechoso mar de suspiros.

Si mis manos se atreven

a tocar otra flor

del jardín de los poetas

merecería yo

          … la muerte.

Porque no existe

en este mundo

flor como tú.

Porque el olor de tus pétalos

desprende

cascadas de intenciones;

porque tu tallo

se estremece

al roce de unos dedos

sin miedo

a romperse en sus espinas;

porque en tu copa

se entremezclan

el azúcar de tu néctar

con el jugo de los deseos.

Hoy

arranqué tu flor

del jardín de los poetas

y

comprendí que la vida

era algo más

          … que existir.

Encontré la belleza

de unos versos

que pregonan amor

con tan solo

una mirada.

Encontré las rimas

más incoherentes

en palabras inventadas.

Encontré la lírica,

la épica

y

el drama

en tus raíces

enredadas.

Hoy

encontré la belleza

de la poesía

              … en una simple flor.

Mujer Florero

Hoy he soñado, otra vez, con tu rostro esculpido entre rosas y ríos

que se desbordan anunciando lágrimas capaces de cincelar un epitafio en mi pecho.

Vestía un sombrío traje negro con olor a duelo, esquelas e insomnios

para esperarte en medio de la calle donde la lluvia daba de beber

a las rosas blancas que brotaban de tu cabello.

Mujer florero.

Cierro los ojos para poder verte mejor.

A veces imagino que tu sonrisa volverá a pellizcarme el estómago

y azotará mi corazón con ritmos descompasados.

Imagino que volveremos a llorar viendo una película, tumbados en el sofá,

y acabaremos preguntándonos

-qué ha pasado-

porque se nos olvidó abrir los ojos y cerrar los labios.

Con los ojos cerrados puedo sentir mi espalda cargada de tus huellas

y una autopista de caricias sin límite de velocidad ni peajes

y un área de servicio en cada intersección de tu cuerpo.

Eras el singular sinónimo de la palabra libertad;

voluntad propia para saciar nuestros apetitos;

un puente hacia cualquier parte con última parada:

tu cama.

A veces, muchas veces, casi siempre pienso en ti

y es que tus aromas aún perduran en nuestra almohada, mujer florero.

Si querer así es estar loco, yo no creo en la cordura

porque ahora que te has ido he vuelto a creer en el amor.

Sé que tu intención no era matarme poquito a poco

sin embargo me has dejado una cicatriz aquí, a la altura donde reposabas tu cabeza;

y dejé marchar mi sangre con la fuerza de un diluvio,

de la que surgió la poesía que acabó enredándose entre los pliegues de mi piel,

como lo hace el humo del cigarro entre los mechones de mi pelo,

y todo, todo se volvió tan frío como en la otra orilla.

Nadie me dijo que tenía que aprender a amar para perderte tan pronto.

A veces sueño con tus ojos tristes antes de decirme adiós para siempre;

y las estrellas explotan en el centro de nuestra galaxia

como revientan los recuerdos que encerramos en botellas de cristal

y que el mar me devuelve una y otra vez, una y otra vez… cuando intento hundirlos.

Y un ejército de besos en medio de esta tormenta, con los ojos cerrados y las ganas limpias,

un ejército de besos rebosa versos inconclusos que estos labios,

casi cicatrizados por el dolor de tu ausencia,

estos labios que llevan tu nombre pegado en las comisuras,

estos labios ya no son capaces de articular una palabra.

Apenas tengo fuerza ni para sentir dolor.

Me gustaría dejar de quererte, mujer florero.

Sin embargo, mañana cuando despierte volveré a ser el hombre más afortunado

si tu recuerdo vuelve a visitarme, si tus flores perfuman mis aires,

si tus ojos cerrados me buscan y nuestras bocas, aunque sea en sueños,

vuelven a derramar ríos de gloria que sacien nuestra sed de amor.

Ya te estoy imaginando

                                          …y aún estoy despierto.

Lejos del olvido

Lejos del olvido

Imagina que

detrás de este poema

hay un nombre,

el tuyo,

el mío,

                    …uno cualquiera

que sabes

está lejos del olvido.

Ese salvavidas que fue

y sin embargo hoy es

como una bala en tu cabeza.

Algo más que una metáfora

y deseas que,

lo que duele,

desaparezca de tu vida.

Pero, imagina que

en la autopsia de lo absurdo

aparece ese nombre

cargado de espinas

y lo abrazas fuerte

hasta acostumbrarte al dolor

y convertirlo en caricias.

Imagina que yo

aún no te he olvidado.

Que mis manos huelen a ti;

que en el espejo del baño

aparece tu nombre con el vaho;

que busco tus abrazos

cuando cierro los ojos

y me giro en la cama.

Imagina que me partí el pecho

para buscarte dentro de mí

                    … y no estabas.

Imagina cuánto llegué

a temer al olvido,

temer al miedo

por el simple hecho

de no poder

encontrarte en mi vida.

Y quise saltar al vacío

del centro de nuestro Universo

para perder la memoria

y dejar de sentir esa angustia

que me partía en dos.

La parte tuya

que ya no habitaba en mí,

                    … o eso creía.

Y fuiste,

de repente,

compañía en mis sueños.

No supe más que imaginarte

para que tu olvido

no estallara

en el desierto

de estos ojos negros.

Y cuando te pienso,

se enhebran los colores

por entre las agujas

que cosen

mis carnes abiertas.

Lejos del olvido,

he sembrado

un bosque de colores

con los recuerdos

de aquel día

en que me dijiste

                    … te quiero

y, como desde entonces,

no dejaste de decirlo

nunca más.

Y eso,

eso,

queda lejos del olvido.

De mi olvido.

He sembrado

un bosque de experiencias

arrastradas

por la corriente

de nuestras intenciones,

como el agua

que fluye por el río

tras nacer en la montaña

atesorando momentos

y colores en su curso

hasta morir en el mar.

Como esa linda melena

que saciaba el calor

y la sed de mis manos

en tu cintura

con el abanico de tu andar

sobre la espalda.

Como la narcótica primavera

que espera la llegada del Narciso

para florecer junto a él

entre el brillo de sus amarillos

y el filo de sus trompetas,

entre el delirio de su belleza

y el monte de su perfume.

He sembrado una vida,

entre torbellinos de tintes

y pinceles,

porque la vida sin ti

                    … solo son días.

Evocarte al olvido es

como un libro de poesía

con las páginas en blanco;

como querer borrar del camino

tus huellas junto a las mías.

Creí que quería olvidarte

sin darme cuenta que

es imposible morir

conteniendo la respiración.

Cómo poder olvidarte

si estás dentro de este corazón

que no se deja someter

y bombea tu nombre

ochenta veces por minuto.

Qué sabe mi cabeza de olvidos

si te quise ayer,

te quiero hoy

y voy a echarte de menos

el resto de mi vida.

Te prometo que

vestiré nuestros recuerdos

con lienzos de colores

                    … lejos del olvido.

La primavera de nuestros besos

La primavera de nuestros besos

Cuando llegue la primavera,

voy a abrazarla tan fuerte

que ni el olor de las rosas

quedará indemne

de tanto quererla.

Será como el primer amor,

que nunca se olvida,

ese chocolate

que rompe los esquemas

de todos los sabores

que conocías,

de ese beso,

el primer beso,

… siempre será el primero.

Besitos de chocolate,

que en la más tonta de las inocencias

dejamos ir

para jamás

volver a recuperarlo.

Cuando llegue la primavera

vestida en el rojo de tus labios,

y se pose sobre la comisura de mi boca,

todas aquellas

reminiscencias del pasado,

amor,

chocolate

y besos,

explotarán

en la desembocadura

de mi lengua.

Así que, no creas

que ahora que te he encontrado,

ahora que han vuelto a mí

los aires de la niñez,

no creas que te dejaré ir

tan fácilmente.

Esta mirada que ondea

en el faro de mi conciencia,

esta mirada sedienta

de ese amor que pensé

no volvería a sentir,

desvela la locura

de mis sueños

al poder recuperar

el sabor de aquel primer beso,

… mordisquitos de chocolate;

el desvarío

de aquel primer amor;

la inocencia

de aquellas manos sonrojadas

por un simple roce.

Por eso tengo que confesarte

que cuando llega a mí

la primavera de tus labios

y me abrazo a ella

con la inocencia de los niños,

puedo percibir

cómo los tejidos de nuestras bocas

cubren las ruinas

de los palacios de cristal

que construimos

en constantes naufragios

de navíos sin puertos;

de almas oprimidas

nacidas en jaulas de cegueras

e incómodos silencios;

de miradas convexas

enfrentadas a

horizontes cóncavos.

Yo no quiero que mi vida

gire en torbellinos de recuerdos

que desbaraten

mi aletargada memoria.

No quiero que lo nuestro

se base en recuerdos

porque los recuerdos

no son más que eso,

… recuerdos.

Nada comparado

con lo que tú me ofreces.

Esa forma de leer mis besos

con tus labios,

de escribir mis versos

en el lienzo de tu piel,

de inventar aventuras una noche

y que duren para siempre. Nada comparado

a la magia de tus encantos

que consiguen la materialización

de lo efímero en un constante latido

… de vida sempiterna.

Navidad

Lo que ven tus ojos

Y

llegó la Navidad.

Ahí va

ese señor

de buen comer,

con su tripa

de rojo globo

y

cachetes

de rosas frescas,

vitoreando

con risas

al mundo

que la miseria

es un invento

de los pesimistas.

Ahí llega

con zurrón a cuesta

abarrotado

de deseos

que concentran

egoísmo

y

sentimientos fariseos

que,

por supuesto,

no contentan a nadie.

Ahí llega

esa falsa deidad

marca registrada.

Y

mientras tanto,

las chimeneas

que no echan humo,

extinguen

su calor de alcoba,

hogar

desierto de leña

como la inopia

y

sus estómagos de mariposa

que en su revolotear,

tan frágil,

no entienden de regalos,

solo

de hambre

y

flaqueza.

Ahí llega

ese gordo

de sonrisa bobalicona

que,

curiosamente,

me recuerda

al acomodado patrón.

Consumo

consumismo,

dispendio,

despilfarro,

y

abundancia de hipocresía

que engalanan

los abetos

con bombillas de colores

que despistan,

con sus parpadeos,

la realidad

y

la disfraza

de filantropía.

Ahí viene,

mamá,

ese hombre

tan gentil

que trae regalos

a los niños buenos.

¡Qué pena que esta pobreza nos haga tan malos!

Cerrado por defunción

Cerrado por defunción

Mi vida es

estas puertas cerradas.

No sé qué decir.

He llorado

tantos versos

en esta vida

-mi existencia-

que las bisagras de mi alegría

parecen estar oxidadas,

                              … aprender a perder.

Y juro que aprendí.

Hoy

sobran los suspiros.

Ya

nada volverá

a ser lo mismo.

El asedio

de las lenguas de sable

ha cerrado las puertas

de aquello

que una vez fui.

Y

dándome la espalda

me dijiste

que me quedara

a habitar en tus ruinas

pero

no te diste cuenta

que mi piel

ya

pertenecía a otra tierra;

que mi vino

ya

no tenía color

ni calentaba

este cuerpo roto

y

que la fachada que ves

está

llena de remiendos

que disimulo,

como los desconchados

en los muros

llenos de enredaderas,

con un traje

de finas sonrisas.

Y

es cuando

el abismo en el espejo

me empuja

hacia la mentira

más desaforada.

El rojo

queda anclado.

La barrica

yace

entre lamentos

y deseos

y su aliento

ya

no oxigena

ni ofrece aromas.

Hoy

la poesía

queda huérfana de padre.

Uno

de tantos proxenetas

de tinta fácil

que vende

a sus putas impresas

a precio de saldo.

Hoy

tan solo

vestirán de luto

los lamentos de mi penitencia

ya que,

con certeza,

a nadie más

le importará mi muerte.

Con el tiempo

todo

vuelve a su lugar,

me dijeron

tantas veces

como quisieron mentirme;

y ahora

que el puzle se acaba,

reconozco

que

todo lo que fui

ha sido

una vida prestada.

Que mi destino,

en el que no creo,

ya

había tallado

un ataúd para mí.

Que mi lugar,

al que vuelvo,

no era este parnaso.

Hoy

lo tengo claro.

Es por eso

que mis letras

han cerrado

por defunción.

Porque ya,

no me motivan

las balas

que perforan mi espalda,

ni el frío acero

que amputa,

de un solo tajo,

todo rastro de esperanza.

Hoy

el poeta

se ha cansado de luchar.

Hoy

el poeta

ha puesto el cartel

de cerrado

por defunción.

Hoy

el poeta

                              … ha muerto.

                                        -Hoy quiero llorar por méritos propios-

Sofoco de mi carne

Sofoco de mi carne

Se presentan las mañanas

ocultas

entre aromas de violetas,

dama de noche

y el techo gris

de la amarga melancolía,

la que sobrevuelo,

en un batir de pestañas,

surcando

las hogueras

que iluminan

tus ventanas.

Sofoco de mi carne.

Y

aparece

el frío azul

entre tú

y mis ganas,

donde me sumerjo

a tomar

un baño de flores

que tiñen el cielo

en tonos

frambuesa

y oro.

Qué lejos queda

la belleza del Sol

que aviva

las llamas

que alguna vez

cegaron mis ojos

al reflejo

de tus pechos.

La hermosura

de la lírica

compuesta

al roce de tus costillas.

Sofoco de mi carne.

Qué lejos tu luz

y la magia de tus besos.

Desde la antagónica orilla

que nos desintegra,

mis ojos,

afluentes del mar

que nos separa,

lloran la sal

que adereza

el poético recuerdo

de tu boca.

Y es que

me besaste

con tanta poesía

que mis labios

se convirtieron

en versos

para ti. 

Voy a arrancarme la piel

Voy a arrancarme la piel

Cómo deshacerse del amor

cuando ha llamado a mi puerta.

Pero no creas que hablo

del amor vulgar

que se siente

hacia otra persona.

No, qué va.

Hablo del amor verdadero.

Ese que encuentras

cuando al doblar una esquina

te das de bruces con él

dándote una hostia

imposible de olvidar.

Y allí estás tú.

Encontrándote a ti mismo.

Amándote

como nadie más te amó.

Cómo deshacerse del amor

cuando ha llamado a mi puerta.

Cómo deshacerse

de lo que eres.

Y no ha sido tan difícil

cambiar las reglas,

derivar las corrientes

que levantan

las faldas de lo ajeno

para darme cuenta

que a mí también

me gustan las flores.

Hoy saqué del armario

mi mejor vestido,

un ramillete de valentía

y una maleta

cargada de miedos.

Qué difícil de conjugar.

Ojalá vieras

correr mi rímel

por la tristeza del silencio

que corrompe

las voces de la muchedumbre

que quiebran sus cuellos

al verme pasar.

¡Damas y caballeros

bienvenidos al show

del circo de los horrores!

donde todo huele

a holocausto caníbal.

Y solo mis ojos

responden

a sus mudas palabras.

El daño

que intentas infringirme

lo dice todo de ti.

Mi piel es

el disfraz

que esconde

mi verdadero yo.

Una bala en la recámara.

Voy a arrancarme la piel.

Soy dos personas

en un suspiro,

un cuerpo

para dos arrugas

en las líneas de mis ojos

y una mentira

que nadie recuerda.

Solo cinco segundos

son suficientes

para decidir

lo que ya tenía claro,

aunque yo,

ni siquiera lo sabía.

Cómo deshacerse del amor

cuando ha llamado a mi puerta.

No.

Le pongo morritos

                        …y me vuelvo a enamorar.

Quiero ahogar al tiempo

Quiero ahogar al tiempo

Hoy me cansé de todo.

Sí, dije bien.

De todo.

De ese diablo

que maneja los hilos

que nos mueven a su antojo,

prohibiéndonos mirar atrás.

Cansado de las largas miserias

de los canallas que asfixian,

con sus largas manos,

nuestros enjutos cuellos

mientras alzamos el puño al cielo

sin siquiera quebrar

nuestras voces en llantos.

Hoy me cansé de todo.

Sí, dije bien.

De todo.

Porque todo viene marcado

por el ritmo cansino

del patético caminar

de las manecillas del tiempo.

Con la nobleza del sufrimiento

que viste una corona de espinos.

Qué importa los ropajes que vista.

Hoy me cansé de todo

y lo único que quiero

es gritar,

¡gritar,

gritar,

gritar,

y gritar!

hasta que mi voz sangre

en los oídos del ayer.

Ya no aguanto más;

quiero ahogar al tiempo

y que las agujas del reloj

zurzan los rotos de este corazón.

¡Hostias! como duelen

los latidos en mi pecho

que bombea sangre

a ritmos descompasados.

¡Maldito seas!

No eres digno de ser

quien gobierne mis desvelos.

Cerraré los ojos

y me hundiré en el lecho

del mar de tu podredumbre

hasta que no quede ni un ápice

de tu existencia en este corazón;

en esta memoria

que solo engendra dolor.

Hoy me cansé de todo.

Sí, dije bien.

De todo.

Quiero ahogar al tiempo

hasta que el prodigio de los olvidos

salga a flote en su último aliento

para luego perecer entre mis brazos;

en amnesias vestidas de luto.

Y es por eso que voy a asesinar al tiempo.

Para encarcelar mi alma

dentro de un poema

que juegue con la paradoja

de la eternidad y el tiempo.

Será eterno.

Sin tiempo 

que premie su carencia

y lo ahogue en las aguas

del mar de la desmemoria.

Sin paréntesis,

sin prisas,

sin cadenas que marquen

los ritmos de la esclavitud moderna.

Hoy me cansé de ver al reloj

como a un adversario contra quien luchar.

Le daré caza con su misma indolencia,

y es que,

                         …quien a tiempo mata a tiempo muere.

El arquero frente al espejo

El arquero frente al espejo

Salir del espejo

gritando

versos despeinados

que carecen de reflejos

al padecer el influjo

de una luna sin luz,

errante,

en noches tan largas

que desconciertan los días.

Tengo

un sentimiento apócrifo,

una pecera sin peces

y una manzana

                     ...sin arquero.

Un vacío.

Una falta.

Una necesidad

de encontrar mi objetivo.

Poner el ojo en la diana

y cortar el viento

con la punta de una flecha;

que silba

cuando destroza

los pedazos de las almas

que atraviesa en su camino.

Yo no quiero

anidar entre tus muslos

si tú perteneces

al lado diestro del espejo.

Es estúpido

librar batallas

con epitafios

ya programados.

Yo me encuentro

a la siniestra del cristal,

donde la luz

refleja la pureza

de tu piel desnuda.

Donde las caricias

                    ... no callan.

Pertenezco

a ese mundo de cuentos

donde el arquero

atraviesa la manzana,

porque el amor

todo lo puede.

Vivo detrás del espejo

anhelando

que un rayo de luz

entre por la ventana

y se clave,

como una flecha,

                    ... directa al corazón.

Que refleje

las letras invertidas

de mis despeinados versos;

que ilumine

el fondo de la pecera

para hacerte ver

que no estaba vacía;

que descubra

la manzana sobre la cabeza.

Y que el arquero

no tenga dudas

de que todo,

¡todo!

es posible

cuando

ojo y corazón

están

en el mismo bando.

Vivo entre sueños,

tras el cristal,

esperando que

el arquero frente al espejo

sea

el reflejo discrepante

que evidencie

que la imagen

que esperaba ver

era

mi propia imagen.

 

                                         -Vidas paralelas-.

No quiero ser mariposa porque alguien me lo diga

No quiero ser mariposa porque alguien me lo diga

La miré de cerca,

tan detenidamente

como se miran las cosas

que generan dudas.

Tan de cerca

que pude penetrar

a través de su aliento

hasta el pozo

de sus pensamientos.

Y jugué

con la naturaleza muerta

de los bodegones

que algún pintor

dejó impresa

en los bolsillos del tiempo.

Tracé al carbón,

con soplos de nostalgia,

los pliegues de mi piel,

la luz de mi mirada

y los lamentos

de mi incertidumbre.

Déjame ser feliz

con mi propia esencia

o, simplemente,

déjame ser;

porque

me encuentro

en la encrucijada

de aun siendo

no ser nada.

Y me dicen

que si pudiera,

que si fuera,

que debiera,

ser

como esa mariposa,

tan hermosa,

como la flor

del estramonio.

Y sin probar

el jugo de su evidencia

supe que era

puro veneno.

Y, aún así,

me enamoré de sus alas.

Pero yo,

yo no quiero

ser mariposa

porque alguien

me lo diga.

Para qué

poseer su hermosura

si se volverá invisible

a mis ojos

golpeándome,

tan solo,

en los reflejos

de cristales cerrados

que enmarcan  paisajes

imposibles de alcanzar.

Yo no quiero

ser un lindo reflejo

si con ello

la huella de mi humildad

será un fósil pétreo

en la vitrina de tu orgullo.

Déjame

enamorarme

de la belleza

de la mariposa,

deja

que me seduzcan

sus colores,

deja

que sus alas

decoren mis espacios,

mientras danza

con la brisa de la tarde.

Pero no me obligues

a ser mariposa

si yo

no envidio su apariencia,

si yo

me siento monocromático,

si yo

ya perdí mis alas

en el vagar de tu mirada.

Permíteme

ser

lo que sea que soy

pues

aun sin ser tu deseo

soy

lo que sueño.

Soy

lo que me rodea

y lo más importante,

soy

mi propio dueño.

Ya lo dijo Ortega y Gasset:

                         "Yo soy yo y mis circunstancias" 

No eres tú, soy yo... y otras excusas

No eres tú, soy yo… y otras excusas

Tú y yo

éramos

como

molino sin viento,

como

nube sin lluvia,

como

flor sin olor

o reloj sin tiempo.

Éramos

partes inconexas

del amor.

No llores

mi niña

que tus lágrimas

marchitan

de la naturaleza

los colores

y tu carita

se convierte

en paleta de pintores

que deja al mundo

con tintes ceniza.

...No me llores más.

En tu llanto

has atrapado

el azul del mar

salpicado de blanca espuma,

de cielo sereno,

de río y bruma.

El rojo de las rosas

que en tus labios reventones

parecen el vuelo

de alegres mariposas,

que sueñan una vida,

entre suspiros,

de niñas mimosas.

Los verdes del campo

se reflejan en tus cachetes,

todas las gamas alumbran

imposibles coloretes,

que más bien parecen

los campos de Andalucía

cuando florecen.

Porque se llenan

de color y armonía,

de vida,

de raza,

de belleza

y agua fría.

De naturaleza

robada a los días.

… No llores más preciosa mía.

Que esto que sientes

no es pena ni alegría

son tan solo los temores

a vivir una vida vacía,

cuando ya has conocido

el manantial que nutría

de fantasía,

la cadencia de mis te quiero,

que se tornan,

en positiva resiliencia,

al olvido de tus miedos.

Es por eso, mi niña,

que no quiero que llores

si de ti me alejo,

porque esos ojos

que ahora parecen tristes

me enseñaron

la gama de color que existe.

En cada estrofa mía,

de cada verso tuyo,

aprendimos a extraer

el ritmo de lo inerte,

el color de las sombras,

el sonido del silencio

y el olor de lo ausente.

Hicimos realidad lo imposible

e inventamos

otra forma de quererse;

…mucho y mal, la nuestra.

Es por eso, vida mía,

que llorar no puedo verte

porque arrastras en tu pena

los colores de esta vida

que ya es bastante triste

como para ahogarla

con tonos rotos,

en miserables grises,

en cielo sin luna

o en sonrisa muerta

en tu rostro

de porcelana fina.

No eres tú, mi niña,

soy yo quien no te merece,

lo has dado todo

yo

…solo a veces.

Perdona

si no te gusta esta excusa.

Tengo otras.

Estupideces.

          -Anda niña, sonríe.-

Yo no perdí una pluma

Yo mo perdí una pluma

He perdido

parte de mi ser.

No me preguntes

qué ha sido

porque yo

tampoco lo sé.

No es

como si un águila

dejase olvidada

una de sus valiosas plumas

sobre las ramas de un cedro.

Aún así,

seguiría siendo un águila.

No es

como el árbol

que desecha

sus frutos maduros.

Aún así,

seguiría siendo un árbol.

He perdido

ese algo

que es etéreo,

incorpóreo

e intransferible,

                    …como si fuera la dignidad.

No, no digo

que sea eso

lo que me falte.

Aunque no lo sé.

Tengo un diálogo interno

con las hogueras

de mis inseguridades.

Huele a chamusquina

enmascarada de patrañas

que me impulsa a indagar.

He preguntado

a las ondas de agua

que se forman

en los charcos de lluvia,

donde los lamentos ajenos

van a parar

                    …y se rieron de mí.

Así que

vago por el mundo

como un borracho

que sabe que

todavía

podría tomar

unos tragos más.

Perdido.

Y me ahogo

en un pozo de dudas

en un mar de interrogantes

al no saber

qué coño me falta.

¿Por qué me consume esta sensación de fragilidad?

Me asomo

al acantilado de tus imaginarios

y grito,

vocifero,

me desgañito,

tan fuerte como puedo

¡¿Qué me está pasando?!

Y se rompen

los ecos de mis silencios

contra muros de cristal.

El tiempo

está lleno de gusanos

que mordisquean

la manzana de Adán y Eva

                    …y Dios nos castiga a nosotros.

Tengo

tantas cicatrices

en mi alma

y mi corazón

que mi carne

se está resquebrajando

desde dentro.

Ahora,

mi piel

es como un mapamundi,

una representación cartográfica

de todos,

            todos,

                     …todos

los errores que cometí

hasta llegar

a este punto

en el que he perdido

ese algo

que hace replantearme

los principios

de la teoría celular,

                    …no me siento materia viva.

Porque yo

no he perdido

una pluma

que no me impide volar.

Y cada día

me pregunto,

¿qué me está pasando?

Si alguna vez

volé,

soñé

o tuve la sensación

de ser libre,

tal vez

fuera un espejismo

sobre el cúmulo de dudas

que forjan

este desierto de autoengaños

al que llaman vivir,

                    …pero yo, créeme, no lo sé.

¿Quién pasea a quién?

¿Quién pasea a quién?

Atravieso las pálidas sombras

que muestran este paisaje

y me posee

el éxtasis de la melancolía;

una autopista de miradas sin peaje;

de turbias mañanas

donde el dónde

no se encuentra

y cuando el cuándo

ya ha terminado.

Y me pregunto,

en esta vida,

¿quién pasea a quién?

¿El amo a la conciencia?

¿El perro a la obediencia?

¿La sombra a la paciencia?

Dime tú,

¿quién pasea a quién?

Son interrogaciones

que van de la mano

y no conocen respuesta.

No conocen

otra forma de existencia más

que la propia coexistencia.

¿Quién pasea a quién?

Como los paisajes de primavera

que ahogan el color de las flores

bajo un remolino de sol

que te ciega y confunde,

                         . . . como la vida,

en la que me siento

como lo más tonto

intentando acariciar

la latitud del tiempo

para doblegar

los grados,

minutos

y segundos.

Porque,

¿quién pasea a quién?

Si este paisaje de fantasía

mezcla

realidades de infancia

con sueños de madurez.

¡Joder, que batiburrillo de sensaciones

que me hacen enloquecer!

Y es que te pregunto,

una y otra vez,

¿Quién pasea a quién?

Es como querer inventar

la máquina del tiempo

con un movimiento sempiterno

de aleteo de libélulas;

con el soplar de los vientos

que se encuentran

en los cruces de caminos;

con la ausencia

de rima en estos versos;

con la chulesca actitud prosaica

de mi intento de poesía,

                         …donde encontré

una bocanada de aire fresco

para gritar

a este confuso mundo,

¿Quién pasea a quién?

Quién acompaña mis pasos 

en la soledad de tu presencia.

Si muero en tu eterna vida,

si vivo en tu eterna duda.

El olvido de las cosas

ya se acerca

y la silueta

de la joven y el perro,

o del perro y la joven,

me hacen dudar

de la veracidad

de lo que ven mis ojos.

Dime tú,

¿quién pasea a quién?

Hoy me siento escacharrao

Hoy me siento "escacharrao"

Hoy

me siento "escacharrao"

como un coche

de esos

que acumulan veteranía

cargada de óxido.

Que,

a solas,

dialogan con el silencio

y coleccionan

ramilletes de poesía

curtidas de experiencias.

Muy cerca de mi ocaso,

sucumbo

a las raíces

que me atan

a un suelo

cubierto de musgo.

Los caminos andados

                    …vida, una vida,

una historia,

que no fue tan efímera.

Pero la vida es eso.

Caminos andados

bajo la luz

de unos ojos

que hoy se apagan.

La noche

va en mi pupila,

incierto anochecer del olvido

donde las arañas

tejen los rotos

de mis sueños imposibles.

Y

en las sombras

confusas del pasado

me encontrarás

entre nidos de pájaros vacíos

que descansan

en difuntas ramas

de frondosos árboles

que lapidan

los utópicos anhelos

de una vida agotada.

Occiso cadáver de mis deseos

y aspiraciones que,

como un viejo coche oxidado,

ya dio

lo mejor de sí

y que ahora

solo vive

de glorias pasadas

y candentes recuerdos

que el tiempo,

entre estaciones y fantasmas,

entre edades y patrañas,

                    …ese tiempo que pasa

sin siquiera saberlo

y aún así

pasa y pasa

siendo tiempo.

                                     -Ya es hora de decir adiós-.

Ahoras

Ahoras

Ahora

que el cielo

se disfraza de arcoíris,

aunque

no entendió

la verdadera naturaleza

de los colores,

ahora,

me siento dueño

de mi propia esclavitud.

Ahora

que la soledad

se interrumpe

en el fondo de un paisaje

de significado ecléctico,

ahora,

los asientos de mi casa

lloran tu ausencia

por perder su significado,

como mapas

imposibles de leer.

Ahora

que el océano

deja escapar la sal

sin romper

la espuma en su orilla

y las órbitas de las gaviotas

se adentran en la mar,

ahora,

me quedan

sonrisas dormidas

a la deriva

de la inmensidad de tus anhelos.

Ahora

que mi corazón

quedó vacío

como playa en octubre

y mis manos

ciegas de enojo

por la falta de las tuyas;

ahora,

todos los ahoras

llenan los escaparates

del abismo de tus ojos.

Ahora,

          …ahora,

                    …ahora,

mi sombra

cobija a mi alma,

que se arrastra por el suelo,

entre ecos

y rumores de las mareas,

entre hierba sin rocío

y piedras del camino;

esperando

poder guarecerse

en las huellas

que la ola de tu memoria

dejó impresa

con sal

en la orilla de mis venas.

          -Como si el viento se pudiera pintar con color amor-

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Oye,

¡óyelo!

mira como grita

el silencio

para hacer ecos metálicos;

                   …como choques de sables.

Oye,

¡óyelo!

son recuerdos vívidos,

de experiencias

obsoletas

que acaban oxidadas

y cubiertas

de excrementos de gaviotas.

Oye,

¡óyelo!

cómo aúllan

los fantasmas de leyendas

                    …que nadie recuerda.

¿Qué he hecho yo

para merecer esto?

¿Cuáles fueron los argumentos?

Porque oye,

¡óyelo si puedes!

La ventisca

arrastra por el suelo

la basura

que parecer susurrar

tonadillas de otros tiempos

                    …que no fueron mejores.

Y yo,

mientras tanto,

estoy cubierto

de mierda seca,

esperando

a que las nieves del invierno

se fundan

                    …en mi estática retentiva.

Oye,

¡óyelo!

Escucha

cómo el tiempo pasa

impasible,

imperturbable,

sin que yo

pueda hacer nada

                    …para evitarlo.

Corazón

de frío bronce

que llora

sombras pasadas;

corazón

homicida de recuerdos

que se pregunta:

                    …¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Aires de recuerdos

Aires de recuerdos

Soplan aires de recuerdos

que llevan

el aroma de tu cuerpo

en suspensión.

Pareciera

que fueses semilla

de diente de león

suspendida

                    … entre burbujas de aire.

Sobrevolando

las huellas del ayer

que nuestro rodar

dejó impresa

en senderos de albero,

bañados

por los azules

del mar y el cielo,

y que se funden

en la línea del horizonte

con la sutileza

de tu cuerpo,

desnudo,

sobre mis sábanas blancas.

Si cierro los ojos

puedo confundir

la cálida brisa

que acaricia mi rostro

con el roce de tus dedos,

como solías hacer

los últimos días

                    … de aquel verano.

Me acompañan

vocecitas cinceladas,

por el arrastrar

de las hojas en el suelo,

que me recuerdan

que el otoño,

ya,

está en su cuna.

Y viene cargado

de antepasados

en la memoria,

                    … mi niña,

porque soplan

aires de recuerdos,

abarrotados

de bandadas de pájaros

de letras impresas,

con tinta de ayer.

Vórtices de nieblas

transfiguradas

en cursis nubes,

que se adentran en mis ojillos,

para morir

en las fuentes de tu memoria,

                    …rotando imposibles

que siempre existen,

aunque esta herida

duela,

como de costumbre.

Y aún así,

mi niña,

el aire

huele a recuerdos,

el aire

huele a amor.

Soplan aires de recuerdos

                    … que azotan el corazón.

Simples miradas

Simples miradas

Qué simples son

las miradas

que se guardan

al amparo

del arco de tus ojos.

Donde todo lo bello

parece

tan natural

como arboledas

y matorrales

                    ...en primavera

Los abriles de tus cabellos

que se derraman

en riada de lluvia

sobre tus hombros

y tu espalda,

hasta morir

a las faldas de la ladera

de tu vientre.

Como la luz del alba

que alimenta

las raíces

de un amor enmarañado

entre tú y yo;

un nosotros que,

como hiedra trepadora,

conquista

las murallas más altas

para otear el horizonte

                    ...vergel azul de tu mirada.

Oasis donde beber

de tus labios,

torbellinos de ambrosía

condensadas

en blancas nubes

que me llevan

al paraíso,

guiado

por las cúpulas de tus dedos

que apuntan,

directamente,

al edén.

Con dioses o placeres.

Con verdades

que forjan puentes.

Qué simples son

las miradas

cuando parten del corazón

                    ...y acarician el alma.

Asfixia

Asfixia

Me asfixio.

Me falta el aire.

Los colores

han perdido sus pigmentos

y este olor

a cerrado

impregna

incluso mi piel.

Y me asfixia.

¡Me asfixio, hostias!

Déjame

abrir la ventana

que encierra

la luz afuera;

que ha robado

la tonalidad

de mis ojos.

Que ha despojado

de matices

mi mirada.

Que ha desvalijado

la vivacidad

de mi respirar

al acariciar tus pechos.

¡Ay… esa luz

herida de muerte!

que en mí

se torna vida.

Permíteme

descorrer estos cerrojos

que parecen cárcel,

para asomar

mi oprimida cabeza

ahí fuera

e inspirar

hasta dejar

sin olor las flores,

secas,

mustias

y descarnadas,

hasta recuperar

el tono

en mis mejillas

y el brillo

de mis ojos.

Legado

de una inefable belleza

tan singular

como espinosa.

Me asfixio

entre estas cuatro paredes

que llamamos mundo.

Y el cristal

de esta ventana cerrada

refleja

de forma corrosiva

y sarcástica

un bello cielo azul

con total impunidad.

Me asfixio

                    . . .aun estando fuera.

El abrazo a la vida

El abrazo a la vida

Sentí

que la vida entera

podía ser abrazada

en tan solo un recuerdo.

Como en una nota de Jazz

bien afinada de New Orleans,

con una luz que se eterniza

donde descansan

las sombras de tu boca.

Juventud

        . . .que te fuiste para no volver

envuelta en finas gasas

como una flor.

La vida entera

la tome entre mis brazos

y la ceñí contra mi pecho

para extraer

el aroma

de las rosas de tu jardín,

por si aún estabas ahí.

Pero tus recuerdos

murieron en un cenicero,

de tanto esperarte.

Cigarrillos de lágrimas;

el humo

dibujaba tus cabellos.

La vida es un capricho

que juega con nosotros,

que baila nuestros ritmos

con oídos sordos;

        . . .la muerte es la recompensa.

Es difícil olvidar

los destrozos

que hizo el tiempo,

es difícil olvidarlo

y que no haga daño.

Y los fantasmas

del rincón de la calle

donde entono,

con atroz dulzura,

los lamentos de músico callejero,

en mi rincón,

nuestro rincón,

el aroma a rosas

golpea

las heridas de mi alma

cayendo

al fondo del infinito

de mi destrozado corazón

y cauteriza

los tajos del filo de navaja

que fuiste tú,

mujer.

Y allí te veo

en carne de nueva flor

en este sitio vacío.

Sentí que la vida entera

podía ser abrazada

en tan solo un recuerdo.

        . . .Y lo abracé.

     -Como el músico callejero se aferra a su saxofón-.

¿Acaso no es fácil enamorarse?

¿Acaso no es fácil enamorarse?

Cómo son las cosas que,

en apariencia,

parecen sencillas.

¿Acaso no es fácil enamorarse?

Y así viene ocurriendo

desde el principio de los tiempos

        . . .O eso dicen algunos.

Hágase la luz.

Y la luz quedó hecha.

Con ella vinieron los días

y las noches de tinieblas.

Hágase el firmamento y los mares.

Qué triste el mar

sin nadie en el horizonte.

Qué triste el cielo

sin ojos que enamoren.

Hágase la tierra y las plantas.

Y las espigas peinan la brisa marina.

Háganse los astros

que brillan en el firmamento,

el Sol y la Luna

cortejan a la Mar.

Las estrellas

son testigos de este luchar.

Y quedaron otros días

antes de descansar

        . . .pero nada más importa.

Sol acaricia con su haz de luz

las aguas tranquilas,

las seduce,

las besa

y les hace el amor

cada día.

Y la Mar preñada

se antoja de la influencia de Luna.

Y Luna,

que se sabe tan solo

un antojo pasajero,

la embruja

con sus idas y venidas

de Luna nueva,

creciente,

llena y menguante.

        . . .Pero en el albor de la mañana

Sol lame con sus rayos

el vientre de Mar

y el sabor salado

de su piel de agua

se dispersa por el cielo

en nubes de algodón

para reposar juntos

en la línea del horizonte.

        . . .Y sin siquiera saberlo,

Dios creó el cortejo,

el amor,

los celos

y la infidelidad,

        . . . ¿Acaso no es fácil enamorarse?

Cómo son las cosas que,

en apariencia,

parecen sencillas. 

No busques mis labios en tu boca

No busques mis labios en tu boca

¿Dónde van los pasos que se alejan de mí?

pregunto al viento,

a las olas,

a las aves marinas,

a las estrellas

y a mi sombra del atardecer.

¿Dónde van los pasos?

Cuando la vida enoja al aire,

el alma pesa,

las manos pesan

y se delimitan las caricias,

se mitigan los poemas

y la respiración ahoga la luz

de estos consumidos ojos.

Soy ese viejo faro

que apenas ya si alumbra

en la noche

las lejanas aguas azules del horizonte.

Y un rayito de luz

manosea mi alimento por poniente

       . . .La rosa de los vientos ha perdido el rumbo.

Ningún hombre es capaz de no mirar al Sol,

con cara de bobo,

cuando te guiña un ojo en el ocaso.

Qué feliz me siento

cubierto por esta túnica de nubes

cargada de sueños.

No busques en mis labios tu boca,

no, no la busques,

porque mis palabras derriban el cielo

y lo funde con la mar.

Y lo hunde

y lo levanta

y lo desordena a su antojo

       . . . lo vuelve a ordenar.

No busques mis labios en tu boca

porque la brisa del otoño

pasa entre el cañaveral de mis espejismos

y el soplo susurra en mis oídos

que mis labios están heridos,

y solo sanan

con la sal de otros labios que,

como la marea,

traen la medicina para esta maldita hinchazón.

No busques mis labios en tu boca.

A no ser que seas la bella gaviota

que anida en el balcón de este faro

que conserva su vidriera rota.

Porque ella supo qué tenía que hacer y lo hizo.

Aunque el viento le dijera

que algún día cedería a su poder.

Aunque la mar le dijera

que barrería mis cimientos.

Aunque nadie creyera

que yo iluminaría tu oscuridad.

Tú no dudaste de mí,

de este viejo faro apagado.

Porque la sombra regresa a la sombra

y nadie lo sabe.

Como la ola que me golpea

y muere ante mí

pero se cree vencedora.

Tú, que supiste hacer lo que tenía que hacerse.

Tú, busca mis labios en tu boca

y cierra los ojitos,

        . . .no te quemes con las chispas.

Volverá la luz a mi vidriera rota.

Y los pasos que se alejan de mí

girarán la cabeza

llamados por la luz

que emiten las chispas

del faro de los poetas,

de los borrachos de agua marina

que silencian los gritos de la noche

con los besos de su amante

a los pies de la costa

de tu piel de pálida arena.

¡Ay mi amor!

Cómo negar la muerte al Sol

en el horizonte

si es cuando tú

atraviesas la bruma azulada

para anidar en el balcón

de mi pecho apagado.

En esta noche azul.

En esta playa vacía.

En estos labios en tu boca.

Para abrasarnos

y emitir el resplandor de un incendio

que se pueda ver

desde la más remota lontananza

por los pasos ya olvidados.

      . . . Todo esto, tan solo, con estos labios en tu boca.

Al antojo de tus dedos

Al antojo de tus dedos

Hablemos.

Hablar no hace daño

o eso dicen.

Sin embargo,

tu silencio

duele

como una uña encarnada.

Se clava

como un cuchillo

en la fruta madura.

Hablemos de amor.

Del tuyo y el mío.

Del nuestro.

De ese amor

que tuvo su origen

en un corazón

tan dulce y tierno

como el centro de un aguacate.

Un amor

que parecía tener miedo

a crecer

          . . .y hacerse fruto.

Y miles de besos

sin ojos

y miles de promesas

sin oídos

y miles de caricias

con el alma rota

y dedos afilados

como espigas de trigo.

Ignorante de todo

buscaba

tu sonrisa de navaja

y tu rosa

de labios rojos.

Ignorante de todo

tallaste mi pecho

al antojo de tus dedos.

Tan solo

dejaste intacto

lo negro de mi alma;

el llanto que,

como fríos charcos,

estremecía tus vellos

          . . . y la muerte

tomó forma de humos de silencios.

Y el humo se llevó

los aromas del amor.

Y al dejarnos,

el frío

hiela los frutos

de ese amor lejano.

¡Ay! adorado negro de mi alma.

Eres lo único que me queda.

Eres todas aquellas luces

entregadas al olvido.

Y yo cierro los ojos

hasta borrar

el silencio de tu voz,

el tallar de tus dedos,

          . . . y renacer de nuevo. 

Lo que ven tus ojos

Lo que ven tus ojos

Mírame, ¿qué ves?

No creas lo que tus ojos teorizan

y conspiran con tus oídos.

Hay algo oculto en cada cosa que ves.

¿Qué más te puedo decir?

Es difícil explicarte

que ser

no significa

no tener ausencia de significado.

Oye como corre el agua de la lluvia calle abajo.

¡Óyela!

Nada se repite,

aunque mañana vuelva a llover

sobre la misma tierra.

Ni el Sol brilla todos los días

de la misma manera.

Ni el verde de mis montes

luce con la misma alegría,

ni el levante huele a sal

ni mece mi cabello

y la hierba

de igual manera

hoy que ayer.

Ni amo mi diestra como mi siniestra,

ni a mi padre como a mi madre,

ni las sombras de las nubes de verano

cubren la misma luz

de un segundo a otro.

Mírame, ¿qué ves?

Acepta que no soy

el mismo diablo borracho

que mi amigo Bukowski

aunque beba

tantas cervezas y whisky como él.

¡Oye!

Oye cómo crujen mis ramas

llenas de dolor

por el peso

de tantos nidos de sueños.

Eternos delirios de frenesí

que tomaron forma

de esponjadas gotitas de agua de rocío

o de esa lluvia,

que no significa nada,

bajo un nuevo Sol

nunca antes visto

en el suave mirar

de unos humildes ojos

que descubren el rumor del aire

sobre los verdes montes

por vez primera;

donde me acuerdo de mi madre

y enjugo mi llanto con la derecha

        . . .y una sombra que nunca llega.

Y me lastiman esas frases

que dejo caer

como caen las hojas secas de mis ramas

que luchan contra el ángel de los sueños.

Juego de luces y sombras.

No te engañes

si en mí ves una frágil rama

que llora

cantos de cólera y exterminio.

No caigas en el mayor de los errores

de creer

lo que tus ojos imaginan

y de aceptar

lo que tus oídos conjeturan.

Hay algo oculto en cada cosa que ves.

Ser

no significa

no tener ausencia de significado.

Vida de bandoneón

Vida de bandoneón

Yo conocí la emoción

del ritmo en tu cintura

y la emotividad de los versos

en tus labios de piruleta.

En ti, sin saberlo,

tan lento como el ir y venir

del fuelle de mi bandoneón,

          . . . de mi vida de bandoneón.

De idas y venidas que vienen y van

en minutos que duran veinte años

regados con la distancia

que marcan las estrellas

y el río de los olvidos.

Vivir una emoción

en cada acorde ya sonado

que emigraron,

como palomas sin alas,

a otros mundos desdibujados

          . . . por las sombras de los cipreses.

Y sentado

en cualquier callejuela

espero el momento

en que tu voz me llame

          . . . que repitas mi nombre,

lo susurres

con las caricias de tus dedos

en las teclas de mi alma.

Y me toques,

me toques

y me toques

          . . . y no pares de tocar

mis teclas desnudas

con la punta de tus dedos.

Y mi vida de bandoneón

llora los lamentos

de los ecos de tu voz.

Una lágrima de tango

que en su interior

mantiene cautiva

la sensualidad de tu mirada

          . . . un vaivén de minutos

que duran veinte años

en esta vieja calle

que con indiferencia,

hoy,

          . . . me ve volver.

A lo jos observé

A lo lejos observé

A lo lejos observé cómo una bandada

de negros cuervos y cuelludos buitres

danzaban al son de la muerte.

Sus alas desplegadas al viento,

casi sin batir, dibujando círculos en el aire.

Qué bello espectáculo de aniquilamiento.

Sus ojos, todos, parecían estar fijos,

anclados a un mismo punto,

como atisbando la más suculenta carnicería,

gratis y por sorpresa.

Qué felices debían estar.

A lo lejos observé cómo una bandada

de negros cuervos y cuelludos buitres

se abalanzaban hacia una figura

yacente en el suelo, inmóvil.

No sin falta de miedo,

paso a paso me acerqué para examinar

la sucia función que me ofrecían

esos malévolos pajarracos negros.

No sin falta de curiosidad,

aquella misma que mató al gato,

me arrimé a la desalmada caterva carnívora

de oscuros atuendos.

No sin falta de asco,

olor a huesuda calavera podrida,

me abrí paso entre el cúmulo carroñero.

Allí estaba yo, mi cuerpo putrefacto

y vilipendiado a picotazos

que desgarraban mi piel

y mutilaban mi carne.

Mi rostro, sin ojos ni lengua.

Mi cuerpo, sin pezones ni polla.

Mis manos, carentes de dedos,

al igual que mis pies.

Mis tripas, dispersas sobre el suelo,

servían de aperitivo para los cuervos

que parecían jactarse de los buitres,

al tragar pequeños pedazos de mí

sin apenas tener que luchar,

para alimentar sus putos cuerpos.

Metí la mano en el bolsillo de mi gabardina marrón

y hallé la botella de vino que robé la noche anterior.

Bebí un largo trago para ganar valor a mi cobarde miedo.

Sequé mis labios en la manga

que quedó manchada del rojo vino.

Sangre, pensé.

Esto me despertó de la pesadilla

en la que me sentía sumido.

Me ayudó a romper la tela de araña

en la que parecía estar atrapado

y llegó el valor a mi sesera.

Envalentonado, me lancé ferozmente

contra la turba asesina

que me destripaba sin ningún remordimiento.

Agarré un pesado tronco que había por allí tirado

y la emprendí a palos con los negros pajarracos.

Fue un estéril esfuerzo.

Mis golpes eran inocuos, insustanciales e inofensivos.

No era capaz de dar en el blanco

de sus negros cuerpo.

Era triste, qué desastre.

No pude salvar nada de mi cuerpo.

Exhausto, no me quedó más remedio

que inclinarme, hincar las rodillas al suelo y mirar.

Durante horas vi cómo mi carne iba desapareciendo,

dando lugar a blancos huesos manchados en sangre.

Una sola lágrima se deslizó por mi mejilla.

No me quedaban más.

Las había gastado durante mi vida anterior a ese momento.

La última gota la reservaba

para cuando me sintiera tan cansado

que quisiera tirar la toalla.

A lo lejos observé cómo una bandada

de negros cuervos y cuelludos buitres

danzaban entre los otros.

Unos los llaman sociedad.

Otros lo llaman suciedad del individuo.

Yo lo llamo bandada de cuervos y cuelludos buitres.

Qué más da.

La llames como yo o como tú quieras.

Maldita sea esta puta sociedad,

suciedad del individuo

colmada de negros cuervos y cuelludos buitres

dispuestos a despedazarnos los unos a los otros,

amedrantar nuestro valor,

vaciar nuestros ojos,

acallar nuestras bocas

e imposibilitar el roce de nuestros dedos

con otros dedos,

en otras pieles,

en las entrepiernas de aquella que me deje.

A lo lejos observé cómo este viejo cuerpo marchito

desistía del esfuerzo,

se daba por vencido y,

al límite de sus fuerzas,

dejó de luchar.

Verde que te quiero verde

Verde que te quiero verde (con permiso del poeta)

          Verde que te quiero verde.

          Verde viento. Verdes ramas.

          El barco sobre la mar

          y el caballo en la montaña. . .

          (Romance sonámbulo de Fdco. García Lorca)

 

Te estoy esperando.

Qué lejos queda todo.

Ya casi no te recuerdo,

no me reconozco.

¿Quién eres tú?

Tú que naces de mis gritos;

de mis entrañas entreabiertas.

¿Quién eres tú?

Chaval estúpido;

tienes que ser duro como una roca.

Una vez te vi llorar,

¡maricón!

Los hombres no lloran.

¿Acaso esperas que llegue ese amor?

¿Es esa tu verde esperanza?

          . . .¿Acaso verde la rabia?

Si no eres la sombra

de lo que una vez fui

cuando pedía agua,

¡agua, agua, quiero agua!

Los niños no lloran,

¡joder!

Ponte el disfraz de superhéroe

y golpea un vientre

hasta dejarlo sin aliento.

Directo, crochet y gancho.

¿Qué miras con esos ojos tristes?

¿Es lo que esperabas?

Es tu verde viento

el que trae tu reflejo.

Es tu verde rama

la extensión de tu cuerpo.

¿No ves tu herida

desde el pecho a la garganta?

El barco ya partió

estando vacío

con la cofradía de la espera.

El caballo naufragó

persiguiendo al barco

en aguas eternas

lejos de la montaña.

Verde que te quiero verde,

es un suspiro de otro tiempo

          . . . . angustia de un amor que no llega.

Es el amor propio

que te destruye,

que te oprime,

que te ahoga

como el caballo

tras ese barco

que ya partió.

Fuiste verde rama

y verde viento

y no lo quieres ver.

Y los suspiros

se vuelven gritos

para detener el tiempo.

¿Puedes entender que eres un sub-producto?

Eres la desidia verde

soñada por los dorados rastrojos

de una sociedad vertedero

que estereotipa sexos

y luego te culpa,

te castiga,

te lapida

y vuelve a soplar

con verdes vientos

a las verdes ramas

         . . . .Y todo vuelve a empezar.

Nana al corazón

Nana al corazón

Tus manos temblorosas

arañaban la sombra de mi alma

y ya de paso, con calma,

cosquillitas al corazón.

Aprendiste a quererme

en tan solo un minuto

con todos mis defectos,

con todas tus locuras;

desnudos, como verdades,

entre eruditos descuidos

de puertas mal cerradas

y letanía de unos cuerpos

de caprichos seducidos.

Y así,

así,

así. . . me arropaste entre tus brazos

y al compás de tus latidos

de ritmos lentos y delicados

cantaste la nana a un corazón hecho pedazos.

Nana,

nanita,

nana. . . con el abanico de tus pestañas.

Nana,

nanita,

nana. . . mordisquitos de pirañas.

Nana,

Nanita,

nana. . . corazón, tú a mí no me engañas.

Y las penas

se hicieron caramelo en nuestras boquitas

...quédate en silencio, mi amor,

que yo sé escuchar tu voz apagadita.

Y fui yo,

fui yo,

fui yo. . . quien cayó rendido al encanto de tu voz,

al placer sereno de tu blanca piel

y a la incógnita de enumerar lunares

que, sobre tu cuerpo, son gotitas de miel.

Hipocondríaco de miedos viajeros

que no deshace equipajes, ese,

ese,

fui yo,

fui yo,

fui yo. . . quien hizo acallar el reloj

y te devolvió un sueño por estrenar

enmarañado en tormentas de gritos,

en un frenesí de excusas,

en hordas de enojos paridos

sobre el cosmos de la creación.

. . .Y tu nana se perdió

en el justo momento

que la luna se desplomó

entre sábanas limpias de domingo

en ese hueco que mi yo no ocupó

y que una vez fue mío;

que vuelve a estar presente

en cada sueño sombrío.

Es difícil olvidar

. . .y que no duela, amor mío.

Mientras tanto, tú, que dices que me odias

mucho más de lo feliz que te hice,

te quemas entre tus dedos

y me piensas,

me piensas,

me piensas. . . enredados como raíces.

Nos acurrucamos en los sueños

y me cantas una nana

al abrigo de mis penas,

nana,

nanita,

nana. . . ojalá que un día vuelvas

nana,

nanita,

nana. . . Ser esclavo en tu sueño

nana,

nanita,

nana. . .de aquello que antes eras dueño.

Y este corazón

que muere en su condena

se aferra al sonido de una voz serena

que canta su canción

nana, nanita, nana

nana, nanita

. . . ea, ea, ea.

Es difícil escribir una cartas de amor

Es difícil escribir una carta de amor

Es difícil escribir una carta de amor,

cuando el amanecer de mis palabras

se ha quedado sin un Sol que despunte al alba

sobre tus preñados campos de girasoles

que esperan la abstracción del pensamiento

para alcanzar un batallón de alados recuerdos que,

con orgullo, estiren sus cuellos al cielo para festejar con el Sol

un empacho de sonrisas de fina cáscara de germen engendrado,

de fina nácar, que aún está por quebrantar.

Y es que dentro de las sonrisas huecas y selladas

es donde se encuentran los fértiles frutos y su fervor,

que se adueña de mi cándido suspirar.

Es difícil escribir esa carta de amor,

          . . .mi amor, mi génesis, mi palpitar

aunque solo escriba versos para ti.

¿A qué si no iba a violar páginas en blanco

derramando tinta que dibujan garabatos

semejantes al contorno de mis cicatrices

que supuran brotes de esperanza

como campos arados en la labranza?

Es tan difícil escribir mis sentimientos

sin saturarlos de guirnaldas de mentiras

por no saber expresar esto que siento.

Que adornen la luz de las farolas y sus sombras

en calles despobladas entre multitudes de gentes,

de espectros deformes, que no me dicen nada.

Entre una densidad de humo en suspensión

de bravucones cigarrillos que no fumé;

entre exánimes charlas insustanciales,

cargadas de dolientes fábulas mal narradas

por la perfidia de personajes secundarios

en funestas y corruptas obras teatrales,

que se fuerzan por formar parte de esta orgía

de nocivas vivencias rotas que son las vidas

          . . .de aquellos que no me dicen nada.

Y es que estas cartas que intento escribir

son tentativas de una declaración de amor

escritas con la dulzura de la miel de caña,

perfumadas con olor a lluvia, a tierra mojada

y los fluidos etéreos que corren por mis venas.

Qué difícil es escribir estas cartas de amor

          . . . pero más difícil sería no hacerlo, mi vida.

No quisiera olvidar nada de lo que me bulle dentro,

no arrinconar nada de la naturaleza que siento,

lanzar palomas al aire para que dibujen en su vuelo

un mar de corazones con tu nombre al centro.

Y a esta desgarradora llaga en mis ojos,

se une la hecatombe que marcan mis dedos

en sutiles huellas sobre el frágil mapa de tu cuerpo,

en la inolvidable memoria viva de tus recuerdos

que discurren en desordenados paquetes de letras;

y me vuelvo loco preguntándome si vale la pena

estampar un sello a esta carta de enamorado

o será la muerte el premio a una vida desgastada

por los rotos de una gloria que se descose

en mis ensueños de hombre cautivado,

de un amor con raíz e infinito

          . . .que muta a sombría y cruel agonía,

porque solo soy un corazón vestido

con flores de cerezo ya nacidas

que busca escribir entre impecables versos

y estrofas la más primorosa carta de amor

que me haga digno de ser llamado poeta.

Y con el hielo que recorre mis miedos,

saco del cajón de las cobardías

un manojo de cartas no enviadas,

un ramillete de margaritas deshojadas,

un altar de besos que no te he dado

          . . . por este simple capricho de poeta fracasado

que, con un puñado sordo de cenizas

y riachuelos de lágrimas de olvido

tiene como doctrina hacer de su piel trizas

y convertir los jirones en cordones de inseguridad

con los que atar los sueños manuscritos

que se esconden tras el dormir de una sonrisa,

tras el maldito morir de mi nombre rubricado

en enmohecidas hojas que no leerás,

en clásicos versos de emisario que encierran

más que simples promesas de amor,

estrofas que podrían ser sublimes

o decadencia de sentires y pensares

en una jodida fatal conjugación.

En versos que alguna vez creí poesía

y de los que jamás sabré por mi cobardía

si fui capaz de decir con palabras de ambrosía,

palabras diferentes como estas del día a día

 

          . . .¡Ay mi amor, cuánto te quiero! 

Notarás una ausencia

Notarás una ausencia

Pronto, muy pronto, notarás una ausencia,

como las abejas en invierno

que anhelan el florear tras el deshielo.

Notarás una ausencia,

un espantoso silencio

entre pétalos que no se tocan,

una raya gris que corta el cielo

y enmudece al miedo,

como el herido tras la batalla

que se niega a respirar tras tanta muerte.

Hay manos funestamente cargadas

de calaveras y gusanos,

pero eso a nadie le importa

porque notarás una ausencia, tan solo,

si es pescuezo con sombrero de bombín.

Qué frío tan incómodo este que corta el aliento,

como un cuchillo caliente mutila la mantequilla;

como el peso de la nieve

que troncha el tallo de las margaritas.

Notarás una ausencia cuando tu invierno

seque mi inocencia vestida de blanco

como tules de fina gasa,

como pétalos flácidos que lloren de pena.

Notarás una ausencia cuando tu metálica frialdad,

como un machete en el pecho,

empardezca mi dorado, dulce y fértil corazón

del que no supiste nutrirte.

Notarás una ausencia cuando de tus muros estériles

ya no broten mis flores entre sus grietas

porque ya no haya razón

para que mis semillas germinen para ti.

Y serán las abejas, las mariposas,

el color, la belleza, la alegría

y la incógnita del amor,

de un me quiere, no me quiere,

las que te hagan notar una ausencia.

Cuando todas ellas zarpen

rumbo a otras aguas más cálidas

donde mis raíces echen el ancla

y dejen tus muros tan grises, rotos y fríos

como pilas de viejos nichos

donde se amontonan los cadáveres.

Notarás una ausencia

de eternidades de soles vividos

que ya no quieren mirar atrás.

Porque me dañas tanto el alma,

             . . .notarás una ausencia.

De Madrid al cielo pasando por mi ventana

De Madrid al cielo pasando por mi ventana

El viento llamó a mi ventana

con sutiles y retraídos golpecillos.

Como el repiqueteo de las moscas

que aporrean los cristales

afanándose en volar el cielo

que creen tener delante.

Dicen que de Madrid al cielo.

Dicen los que la vieron desde la cuna

que no hay nada más hermoso

que el perfume que trae el viento

cuando el discurrir del Manzanares,

que es el río de los pensamientos,

nos transporta al murmullo de historias

que desde el Prado son conocidas

entre Velázquez y las Meninas,

gritadas en la Gran Vía,

entre Goya y sus pinturas negras,

que sueñan con los colores del Retiro.

Y un ansia súbita de claveles en ojales,

organillo y un esbelto danzar de chotis

en las fiestas de San Isidro,

me pisa el corazón por dentro

y es la sombra de este silencio

quien presiona mi deseo de alzar el vuelo.

Desde Madrid al cielo.

Parece que es el viento y no es el viento,

quien ahora golpea mis ventanas.

Quizás fuera el volar de las Urracas,

el azotar de los Jilgueros,

o la cobardía de las palomas

huyendo del halcón y su vuelo ligero.

Todos ellos surcando ese azul del cielo

que mis ojos contemplan desde la ventana.

Y es que, de Madrid al cielo.

Derramaré mis lágrimas de alegría

con estos ojos ahora tristes

cuando abra la ventana,

bajo el dorado trigo del sol

o el picotear de las estrellas,

y al levantar la mirada pueda saber

que es el viento de la Sierra de Guadarrama

quien busca mi aliento y llama a mi ventana.

Y aunque cruce en papel el atlas entero

o navegue los mares en rotos veleros

acorralado entre océanos y tristezas,

excarcelado entre puertos y alegrías;

nada pude ni podré encontrar en la Tierra

como el mirar de tu luz cuando emprende el vuelo.

Cómo decirte otra vez que de Madrid

       

               . . . ¡al cielo!

Tuviste que ser tú, mi 23 de abril

Tuviste que ser tú, mi 23 de abril

Todo lo que te diga está de más.

Yo no buscaba nada pero tú me sonreíste.

Yo quería ser el gris de mis tardes de invierno

y tú me regalaste un lienzo en blanco,

misterio sin luz y fragancias en el aire,

de besos y colores.

Y decidí ser rosa para celebrar el amor

y morir a solas cada San Valentín.

Decidí ser la flor más hermosa,

a pesar de vestir un entallado traje de espinas

que hacen daño con cada caricia.

Decidí ser rosa los 14 de febrero y cada 23 de abril

      . . . y no los arranqué del calendario.

Yo no quería volar más allá de mi almohada.

Y las musas me elevaron por encima de las nubes,

donde nacen las fábulas y sus moralejas,

los cuentos de hadas cobran vida.

Y me dejaron caer sobre pliegos de lino,

lechos de virginal papel de seda

y oscuros tinteros violados

plumas de ángeles caídos del parnaso romántico

habitan los viejos poetas que tanto admiro.

Y decidí ser poeta y escribir

con plumas de aves extintas

los versos más tristes de amor,

versos a una rosa que ya murió,

versos sobre labios con rencor.

Decidí ser poeta para morir de hambre

entre halagos de miseria,promesas

y el recuerdo doloroso de las flores.

Y decidí escribir el libro más bello

que jamás nadie leerá

      . . .no con los ojos que le dieron su luz.

Todo lo que te diga está de más.

Si mañana solo queda vivo un gigante

que se alimente de rosas muertas,

de letras entrelazadas,

de obras escritas sin razón,

de sueños paridos por locos

       ...dejadlo descansar hasta el 23 de abril

y desaparecerá entre las páginas de libros

que creías olvidados.

El mundo sigue vivo allá dentro.

Y decidí vagar por las calles

acompañado por el Crepúsculo

y mi fiel amiga Soledad.

La vida sin ella no vale nada.

Y aun así,

hay aromas que me mecen entre sus brazos.

Huele a tinta, pegamento, papel y fantasía

      . . . olor a libro nuevo, a tierra mojada, a vida.

Tú sabes cómo es eso.

Todo, todo me lleva a ti.

Y mis recuerdos perdidos se convierten en olvidos

que acaban por desaparecer.

Y decidí ser efemérides de mis recuerdos

y convertirnos en polvo

junto “al Manco” “el Bardo” y “Garcilaso”

antes que se llegasen a desvanecer.

Pobre presuntuoso, inoportuno e infeliz.

¿Quién te dijo que necesitaras un día

para celebrar aquello que amas todo el año?

      . . .¡si estás celebrando la muerte!

Tuviste que ser tú, mi 23 de abril,

cuando quise ser rosa,

cuando quise ser poeta,

cuando quise ser efemérides

quien me mostrara que tan solo soy

      . . .una mala decisión.

Y te bajé la luna

Y te bajé la luna

Me pediste que te bajara la luna.

Y lancé un arpón ballenero

con la cuerda más larga

que jamás podría haber imaginado.

Yo mismo la tejí

con los lamentos que cada noche

salpicaban el blanco de mis sábanas.

Con las mentiras en forma de promesas

que sabía eran miradas de indiferencia.

Con cada gotita de sal en mis ojos

que quemaban mis pestañas

e inflamaban mis párpados.

Con tus quejas por amarte a mi manera,

la única forma que entiendo el amor,

tan solo para dos

      . . . A ti te parecía poco.

Pero, aún así, dañé a la luna con mi arpón

y la arranqué de su oscuro firmamento.

Me traje del cielo la alegría de las estrellas,

la ternura de algodón de tus nubes,

la rienda de la cordura de los arcoíris

y millones de aves de amor en penitencia.

Ahora, en las negras noches de funeral,

la luna brilla llena en tu salón

y tan solo su reflejo ilumina el cielo.

Un cielo que está triste y vacío,

      . . . como mi propio ser.

Vacío de estrellas y cometas

que puse en el firmamento

de nuestras lejanas caricias.

Mi lucero del alba ya no brilla.

Vacío de nubes de vahos y vapores

que empañaban los cristales

de nuestro Olimpo de los placeres,

placeres en manos de simples mortales.

Vacío de arcoíris de risas,

del arco multicolor de tus abrazos,

de espectro visible de tus caricias,

de cuentos de hadas escritos para ti.

Vacío de aves libres en el cielo

que ya no pueden volar sin sus alas,

alas cortadas por los gritos al aire,

provocados por los actos en el suelo.

Aves que ahora solo pueden arrastrarse,

por el empedrado, a merced de los depredadores.

      . . . Vacío como está mi cielo sin ti.

Y cada noche vago por las calles, sin sombra,

donde los gatos lamen mis heridas de tormento

y devoran desalados pájaros sin derramar una lágrima.

Detengo mis pasos bajo los pies de tu ventana

y alzo la vista para admirar tu reluciente luna.

Esa que yo mismo con mis manos bajé para ti.

Esa que ahora enciendes cada noche a tu antojo

para aullar bajo el lascivo calor de otros cuerpos.

Mientras tanto, yo sigo mirando tu ventana

con ganas de arrancarme a cuchillo

estos ojos que parecen ciegos

si no retienen tu perfil

y arrojarlos como ofrenda a los gatos.

Pero no puedo porque ahora estoy aquí,

tejiendo con mi pecho enredaderas de sueños

para trepar con valor hasta tu ventana

y espiar cobijado en la negrura de mi alma

el porqué de tus desvelos,

las fantasías de tus placeres,

y el áspero grito de tus orgasmos.

Esperando que alguna vez me recuerdes

y se te escape de los labios la melodía mi nombre.

Si es así, mi vida, yo te estaré esperando todavía.

Aún tengo la cuerda que tejí para ti.

       . . . ¿Querrás el sol?

Instantes

Instantes

Qué breve fue el tiempo.

Casi imperceptible

en la infinidad

que se supone

la eternidad de las cosas.

 

Como el sol que te ciega. . .

Pasajero,

provisional,

transitorio

entre la impetuosidad

de los comienzos

y la fatalidad

de la desidia final.

Como un corte de cuchillo. . .

 

Instantes de nuestros,

de nosotros,

de juntos,

de abrazos y besos,

de los dos,

de tú antes que yo.

Amor.

Más que un juego para dos. . .

 

Y construimos

castillos de arena

donde cobijar sueños.

Instantes.

Instantes.

Instantes. . .

de eso está hecha la vida,

tan solo de instantes.

Nada es para siempre

porque el mañana no existe.

Son almacenes de sueños. . .

 

Qué lejos quedan

aquellos momentos

de tiempos felices.

Qué lejos los instantes.

Qué lejos el amor.

Qué lejos tú y yo.

Contrapuesto al concepto de finitud. . .

 

Y los sueños

que guardamos

en castillos de arena

sufrieron el embrujo

del metamorfismo

y padecieron la fuerza

de los instantes ya pasados,

presión,

temperatura

y tiempo.

Y la mente desdibujó los sueños. . .

 

Sueños que ahora

son también de arena.

Y nosotros

somos un instante

de nuestros sueños.

Cuidado con el viento.

Cuidado con el mar.

       

           . . .Cuidado con los instantes. 

Mi mundo onírico

Mi mundo onírico

Porque todos esos instantes pertenecen al mundo onírico de mis desvelos, que me revientan en la consciencia. Y soñé con la calma en toda su esplendorosa violencia, donde las aves volaban en silencio, sin violar la quietud de mis palabras, sin tan siquiera percibir el batir de sus alas. Donde la arena en su estado sereno de intranquilidad finita espera la crecida del río para calmar la sinrazón de las miradas vacías que parten de la oquedad de un cráneo . . .sin ojos aparentes.

Y como todo lo soñado me pertenece, soñé que estaba despierto en mis sueños de individuo dormido, frente a la nada más insustancial de la verdad. Y mis piernas ya no eran extremidades capaces de mantenerme erguido. Que mis pies eran de caucho y alambre. Que mis zapatos no encajaban en mí ser.

Soñé con unas escaleras que me llevaban al comienzo . . .de ninguna parte. Con un barco a la deriva, gobernado por mí, intentando sentir la brisa como propia, preguntándome si ese amor verdadero que quemaba las semillas contenidas en el viento, era realmente amor o eran las dudas de mis propias dudas a los miedos de este sentir oculto, tan genuino, tan real, . . .que jamás había sentido.

Y me di cuenta que tú eras el riesgo que siempre querré tomar. Aun sin raíces que me anclen a este podrido suelo. No caeré jamás. Aun siendo un pesado lastre incapaz de flotar en tus aguas. No me hundiré jamás. Aunque esto signifique que las cenizas del ave Fénix sean tan solo eso, . . .cenizas. Aunque todo lo que pertenece a mis noches sin luz, a mis días sin ti, a mis miedos a ganar, aunque todo esto, y más, me lleve a olvidar mi nombre . . .antes que el tuyo. Si la única forma en la que puedo estar contigo es en mis sueños, entonces, quiero dormir para siempre. Porque tú, perteneces más a mi mundo onírico que mi propia realidad

       . . .y dudo de mi propia existencia.

Si vieras tus manos como las veo yo

Si vieras tus manos como las veo yo

Todo el mundo debería ser libre,

como los pájaros,

cuando desdibujan la línea del horizonte.

Sin cadenas que te aten

a infructuosos y estériles miedos

      . . .a la existencia de la nada.

Libre para poder elegir tu mano

y aferrarme a ella

hasta que sangremos de tanto amarnos

y nuestra sangre se derrame

sobre semillas por florecer

en este fértil suelo que pisan estos pies

      . . .aunque me siento flotar si tus manos están en las mías.

Manos que ya me lo han dado todo.

Y, es que

si vieras tus manos como las veo yo

      . . .mi amor.

Si vieras tus manos repletas de grietas,

como el lecho de un río seco,

hermoso a su manera.

Si vieras tus manos cansadas,

colmadas de tierra seca de labriego bajo las uñas

que recuerdan al descanso del musgo sobre las rocas.

Si vieras tus manos tan fuertes y delicadas,

como las campanas que tañen con olor a muerto.

Si vieras tus manos como las veo yo,

acunando unas manos que apuestan su vida al amor

      . . . sin miedo a perderla.

Sabiendo que es tu creación la que proteges,

en esta noche sorda de jugadores zurdos

que usan su mano derecha para lanzar los dados.

Y gozamos de la espontánea presencia

de una vida acunada en unas manos

que arrullan las mías.

Si vieras tus manos como las veo yo,

como yo las quiero,

como yo las siento,

verías unas manos que son poemas.

Manos que acarician el alma de los placeres

      . . . .Verías unas manos capaces de romper cadenas.

De profesión marginado

De profesión marginado

Mira allá a lo lejos. Entre esas tristes montañas que tan bello hacen el paisaje. Porque la tristeza no está reñida con la belleza. Mira allá a lo lejos. Ese corazón ajado y malogrado que tiñe de gris los colores de las mentiras. Con sus muros deslucidos parece que nunca tuvo sueños por cumplir, que no conoció el calor de una lumbre en su interior. Mira allá a lo lejos. Como se marginan los días entre el frío de las promesas que tú mismo te hiciste y que cortan la respiración. Hoy sus flores huelen a nada. . .

                  DE PROFESIÓN MARGINADO

Cuántas veces lo intenté.

Cuántos vanos y estériles esfuerzos dejé escapar

entre pinceles que jamás conocieron musa.

Cuantas palabras mal hiladas que no despertaron sentimientos

en corazones negros como el carbón.

Ceguera y sordera en un mundo de colores vivos

y melodías a la carta.

Insensato al pensar que de este teclado barato

surgirían bellos poemas de amor

o falacias pervertidas

o historias nunca contadas en prosa arcaica

o benevolente jerga del siglo XXI.

Desde la simiente que me creó

hasta el imbécil al que no pregunté,

me negaron sutilmente, como Judas a su amigo Jesús.

Y es que estos oídos no escucharon

palabras de alabanzas sinceras,

ni tan siquiera fingidas.

La comparación con quien lo hace mejor es tan odiosa

como la falsa sonrisa. Y tú me sonreíste.

Los colores de mis cuadros se convirtieron en ocre de pena.

En gris de tormentos y negro de dolor.

No quise que me regalaras el oído,

tampoco pedí que me lo destrozaras.

Marginado sin querer ser parte de ti.

Y mis letras no corren ni correrán mejor suerte.

Porque jamás diré lo que quiero decir

cuando digo lo que digo.

Porque no entenderás mis motivos y mis fantasmas.

Porque ni en mil vidas me asemejaré a otros que ya leíste.

Yo quería ser pintor y poeta.

Quería vivir rodeado de mis musas viciosas

que colmaran mis deseos de carne.

Saciaran mi sed de letras y nublaran de colores mi juicio.

Yo quería vivir la vida que soñé,

dentro de otro sueño cuando, somnoliento,

tuve la sensación de caída libre

y desperté con una imagen que dibujar

y una historia que escribir.

Las olvidé al volver a ti, reprobado mundo real.

Cuando la gente me pregunta:

-¿y tú, qué eres?

Yo les digo:

-de profesión, marginado.

Eso les ayudará a etiquetarme rápidamente

y apartarse de mí.

-Menos bulto más claridad-

Ella era puro arte -fotografía de Lambis Stratoudakis-

Ella era puro arte

Era hermosa, lo sé,

aunque sus facciones se confunden con sombras lejanas

que no permiten ver el vuelo de las palomas blancas

sobre el cielo de su Olimpo.

Ella era como una obra de arte

¿Bella?

No necesariamente.

¿Acaso existe una regla sagrada para que el arte sea bello?

Pero no fue su supuesta belleza

la que originó estos surcos en mis mejillas,

      . . .no.

Era tan dulce que incluso su amargura

se transfiguraba en mi lengua

con sabores a regaliz y vainilla

bañados en aromas de mujer,

seductora, femenina y extrovertida.

Era arte porque me hacía sentir algo.

Una pregunta.

Una incógnita.

Un desconocido deseo de adentrarme en sus formas.

Ese algo que tienen las gotas de savia

al brotar de los árboles,

sin que nadie les diga cómo debe hacerse.

Y lo impregnan todo con su esencia innata.

Y así, de forma natural, se marchó como vino.

Como lo hacen las olas del mar

que borran las huellas de tus pasos sobre la arena.

Llegó, arrasó, me atrapó y me sumergió

en el lienzo carmesí de su mirada.

En su mar en calma.

Y ahora, el tiempo, ese puto lapso entre ayeres y mañanas,

ese que dicen que todo lo cura,

te transfiere el color de las amapolas en primavera.

El tiempo, en cascada de imágenes difuminadas en postales,

que se arrastran al viento por senderos de arena,

y arrancan antiguas melodías que solo tienen sentido para mí,

y tu recuerdo,

          . . .Y tú me preguntas si era bella.

                   

                    -Ella daba sentido al arte-

Como besos en el escenario

Como besos en el escenario

Al igual que en una colosal obra de teatro.

Nos relacionamos con diálogos farisaicos

que no contentan a nadie.

Malditos dramaturgos que engalanan las mentiras

con trajes y vestidos de sinceridad.

Nos vemos atrapados, sin siquiera saberlo,

en comedias, farsas, melodramas, tragedias o tragicomedias.

Todo el maldito elenco pretende ser el actor principal.

El ego mina la razón y nubla los sentidos.

Buscamos aplausos vanos.

Pero el telón no se cierra.

Un acto tras otro. Agónica función.

Pero sonríes al público una y otra vez, sin descanso.

O tal vez sean parte del reparto.

Qué más da.

Entre bastidores te aguarda el devenir.

Pero en el foso no hallarás músicos que engalanen tu vida

con la más bella banda sonora original.

Si acaso cocodrilos que morderán tu culo a la menor ocasión.

Y no esperes que el apuntador te saque del apuro

cuando tus palabras no resuenen en tu mundo.

A veces el silencio será el eco de tu voz.

Y no habrá aplausos, ni flores,

ni risas, ni llantos, ni respuestas.

Aun así, los focos siguen encendidos.

Los decorados cambian.

Pero no olvides nunca que es una obra teatral.

Nada es verdad. Todo es fingido.

Como los besos en el escenario. Sin amor.

Sin sentimientos. Apenas sin el roce de los labios.

      . . . Yo no quiero seguir con esta obra

de funesto desenlace.

Si no sonrío, si no hablo, si no hago, si no doy

o si no recojo, a lo mejor es que olvidé el guion.

O ni siquiera lo leí. O no me gustó.

O me sudan los cojones.

O espero que te atropelle un autobús cargado sal y vinagre.

O tan solo que no me gusta el teatro

en el que convertiste tu existencia.

La mía. Por eso, me bajo del escenario.

Abandono el teatro de la vida.

      -Te espero a la salida-

Sendero de rosas cargadas de espinas

Sendero de rosas cargadas de espinas

Cuenta el espejo que surca el río,

en finas y elegantes láminas,

que hay un sendero de rosas cargadas de espinas

      …y duelen.

Lo saben hasta las promiscuas libélulas

que, planeando sobre el río,

calman el calor de Sevilla.

Mojan sus mágicas alas

con gotas de fría agua que las sacian,

   …Y todo les importa un carajo.

 

Desde la torre, en las ventanas,

las arañas despachan vidas

de forma ruin y mezquina.

Y arrancan del calendario

los 14 de febrero,

las primaveras,

los 28 de Diciembre,

      …y los días de risas tontas.

Se van los tiempos

y quedan los versos,

anudados en el frío acero

que acota nuestras vidas de subnormales.

 

Susurros que vagan por la brisa

buscando las llaves perdidas.

Pero el río refleja la luz hacia afuera,

espejo de una sola cara

que no desvela la mierda en su interior.

Y allí adentro,

las llaves que condenan candados,

a los tiempos gastados,

a los amores usados y reciclados

      …una y otra maldita vez,

allí, es donde reposan las promesas violadas

que, a gritos, callarán para siempre.

Ahogadas bajo un caudal de mentiras

y un sendero de rosas cargadas de espinas.

 

Y aunque no quieren estar solos,

los candados se oxidan amontonados

      . . .bajo la atenta mirada de las arañas

que continúan, ajenas a las idioteces,

su ritual de artimañas

para atrapar a insensatos insectos.

Y el agua sigue circulando.

Las libélulas, agitadas,

      . . .siguen a lo suyo.

Los espejos mostrando lo que quieren.

Las primaveras alterando las conciencias.

Las rosas lastimando enamorados.

Y los candados continúan

magullando la pintura que engalana

esta vida que desafía la razón.

 

Aún sabiendo esto,sin dudarlo,

tiro mi llave al río, enamorado,

      . . .y la araña revela una sonrisa.

 

      -Sentencia otro sendero de rosas cargadas de espinas-

Un espantapájaros en tu vida

Un espantapájaros en tu vida

Y esta historia empieza por el final,

porque te digo que estoy aprendiendo

a acostumbrarme a no tenerte

ni en mis ganas de tenerte.

He dejado de luchar. . .

Debajo de este sombrero,

en esta cabeza hueca llena de paja

      ...tan solo estabas tú,

mi hermoso pajarillo.

Y tú ignorabas este amor,

este deseo, esta quietud.

Las arañas que retozaban

entre mis dedos secos de hojarasca 

se me antojaban carantoñas de pasión.

Y es que anhelaba de loca manera

aquello que nunca me diste.

Pero yo tan solo era un extraño para ti,

una turbación, un recelo.

Más alto que tu vuelo

    ...mi amor por tu libertad,

por las alas que ganaste,

por ser tú mi deseo,

por sentirte violar mi espacio,

mientras te miraba

      ...en silencio.

Nada de mí podría dañarte.

Oh, pajarillo mío,

cuántas veces deseé,

que te posaras en mis brazos

y perdieras el miedo a amar.

Soñé con romper mis cadenas

y abrazarte fuerte, muy fuerte

porque pensé que si te marchabas

no habría oxígeno

que diera sentido a respirar.

¿Para qué quieres un corazón que late caliente?

Y yo casi no siento dolor,

      ...quizás mi corazón de caña ya dejó de latir.

Me quitaste tu amor antes de dármelo,

ironía de una vida vivida en sueños,

cuando no estaba anclado al presente,

vulgarmente empalado a la mentira

de la trivial verdad de las mañanas,

que traían ese viento agitado

portando el eco de tu trinar en la distancia.

Y tú, no oías mis gritos de agonía

que llevaban tu nombre y apellido:

“Pajarillo lindo de mis delicias”

Es por eso que deseché la idea de aprender tus cantos.

Dejé de esperar tus paseos por tejados infinitos

y tus giros de acróbata en el aire.

Comencé a dormir un poquito más

para atajar las decepciones.

Te dediqué sueños de utopía,

de fábulas, de quimera,

que en ti, mi lindo pajarito,

se volvieron pesadilla,

      ...incluso siendo yo quien soñaba.

Y comencé a morirme así,

de esta manera tan singular.

No de amor,

sino de pena

por saber que aún en mis sueños,

donde nada puedo controlar,

ni mis ganas de tenerte,

sigo regando mis lisiados pies

con llantos de castigo y tormento.

y al final,

como dije al principio,

he dejado de luchar.

     

           ...Y duele tanto

      que casi no consigo aguantarlo.

La más triste sonrisa

La más triste sonrisa

Me reclino hacia atrás

sobre el húmedo musgo del jardín.

Le doy un buen trago a mi vaso de whisky.

El aire está limpio aquí afuera.

Creo que es mejor una vida en soledad

a estar solo en una vida

acompañado de tragedias.

Mis alados pensamientos,

que parecen mariposas,

se evaporan al compás de mi aliento

empapado en alcohol.

 

Mientras tanto,

el paisaje se ríe de mí.

Y yo, con mi triste sonrisa

le dibujo una estúpida mueca.

El Sol,

se enmascara picaresco

entre un mar algodones blancos

que rompen con su fuerte oleaje

la delgada línea del horizonte.

Entretanto,

el cielo juega al despiste conmigo.

Me lanza cuchilladas doradas

por entre las grietas que el Sol

no supo tejer con pericia.

Y yo le ofrezco mi pecho desnudo

para que haga un siete en él.

Y las nubes,

se ruborizan por el espectáculo.

Y el Sol,

me mira por un agujerito.

Pero puedo ver su silueta.

No me engaña.

Y la hierba lo sabe.

Y el girasol

que sigue estirando su cuello al cielo.

Y las abejas

que campan tranquilas esnifando polen.

Y los pequeños colibrís

que, impunemente,

continúan violando amapolas.

Y las moscas

que esperan a mis desvelos

para someter mi boca.

Y los gorriones

que, sobre los manzanos,

bailan en varonil cortejo.

Bello espectáculo para mis ojos.

No tanto para el gusano.

 

El Sol se sigue ocultando de mí.

Y me encanta ver sus transparencias.

Es como una redecilla de naranjas

suspendida en el cielo.

Cómo tiñe de vino tinto

las copas de los árboles.

Algo tan bello no morirá jamás.

Un curioso sentimiento

me invita a quedarme donde estoy.

Porque este es mi sitio.

Tumbado en la colina

entre hormigas y escarabajos.

Es todo tan cómodo.

Le doy otro sorbo a mi whisky

y me enciendo un cigarrillo.

Una calada.

Qué mundo este.

El humo se eleva hasta las nubes

y se confunde con ellas.

Como mis pensamientos,

que se evaporan

con mi aliento de borracho.

 

Pero el viento

ya se ha vuelto oscuro.

Y el silencio

es aún más bello que ayer

cuando nadie,

absolutamente nadie,

me dio las buenas noches

a la hora de dormir.

Y yo, cortésmente,

le ofrecí una triste sonrisa.

Me deleito en la soledad,

entre mis silencios

y mi tiempo bien aprovechado.

Cada segundo,

cada minuto,

cada hora

      . . . sobrevivo.

Y el Sol,

que se esconde entre las nubes,

finge ser oveja.

Es el único que quiere jugar conmigo.

Y cuento:

una,

dos,

tres ovejitas. . .

Y caigo profundamente dormido,

bajo un cielo sin Sol,

y la más triste sonrisa.

 

      -Y no sueño nada porque ya lo tuve todo-

Ahora que me he convertido en un zorro me llamas esquizofrénico

Ahora que la vida me ha arrancado la piel.

Ahora que mi destino me regló un bello pelaje.

Ahora que me pierdo entre fábulas y correrías.

Ahora que empezaba a ser feliz.

Ahora que por fin me convertí en un zorro vestido de Domingos.

Ahora, me llamas loco y mentiroso.

¿Cuál es la intención de las mentiras?

Porque ya estoy hastiado de ellas.

De mis propias mentiras y las tuyas.

Creo que la mentira se reduce a disertar

sobre un discurso no real

como si este fuese tal.

Si todo el mundo cree esa mentira,

la acepta y la normaliza,

la mentira se convierte en verdad.

¿Qué hay de mentira en mí?

Soy un zorro que hace callar al reloj.

¿Qué de verdad hay en mis palabras?

¿Y tú me llamas loco? . . .

yo no estoy más loco que el que inventó la palabra cuerdo.

Te invito a sumergirte en la profundidad de mis pensamientos.

Allá donde mi espíritu calmado y sosegado,

en la hondura de mis juicios,

falsos o verdaderos,

navega con quietud,

como inmerso en el abismo de los mares,

donde el agua se mantiene en calma.

Pero tú, que solo ves lo superficial en mí,

me ves agitado,

como las gigantescas olas en la superficie;

la tormenta que azota riscos y acantilados

con furiosos golpes de mar.

Me juzgas por mi fuga de ideas,

por mis alteraciones mentales;

por no ser capaz de sentir placer si tú lo sientes.

Por mi aplanamiento emocional,

que me impide mostrar interés a la interacción social.

Por aquello que llamas delirios y alucinaciones.

Eso que yo llamo las voces acalladas de los cobardes.

Aquellas que puedo oír, con mis enormes orejas de zorro,

aunque tus labios permanezcan sellados.

Y aún así, no tengo garantías de que mi lenguaje,

cuando me apetece hablar,

diga lo que quiero decir.

Así que perdona si me mantengo en silencio.

Los zorros solo hablamos con zorras.

Además, no quiero mentir para encarar tu verdad.

No me apetece luchar para desarmar tus verdades

en ríos de mentiras.

Porque los ríos fluyen a los mares.

Y aquí, donde creía estar a salvo de ti,

tus falsas verdades manan

y se funden en la pureza de mi esquizofrénica alma.

Por favor, no vuelvas a cuestionar mi realidad

basada en tu concepción de la verdad.

Las grandes verdades son mentiras por descubrir.

Tal vez, todo sea una gran mentira,

y tú, seas el zorro.

El relato Los niños del Perú surge tras leer los resultados estadísticos del último informe P.I.S.A. (los cuales, personalmente, odio) La indignación se apoderó de mí y, en vez del relato navideño que cabía esperar, surgió este grito a la decencia. . .

El crupier del tiempo

El crupier del tiempo

Lo encontré, nuevamente a mi espalda, jugando con la brevedad del tiempo. Le dije:

“detén tus pasos y no hagas de mis tardes el juego del gato y el ratón.”

Se volvió y, sin decir nada, sus ojos que eran los míos, le echaron un pulso al cielo. Su rostro blanco, como de porcelana china, se quebrantaba con una siniestra y burlona sonrisa de esas que no atañen a nadie. Su inexpresiva mirada despertó los miedos que creía dormidos. El frío viento secó toda posibilidad de frutos en los estériles naranjos del bulevar. Aunque aún podía recordar como el olor a azahar dominaba el horizonte. Del polvo que el aire levantó surgieron las cenizas de mis fantasmas. La Tierra estaba enferma. Su piel se estaba haciendo añicos. Ya no lloran las nubes sobre este yermo desierto de piedras y arenisca.

Y así, los días mueren a la hora señalada, dando paso a las sombras. A la oscuridad. Negra noche que corroe lo vivo, como el gusano que se alimenta del despojo de nuestra carne. Noche oculta en la profundidad caótica de sus ojos y su amortajada sonrisa. En su mano, entre sus huesudos dedos de escarcha, un par de dados que me retaron a jugar. Qué estúpido sería si no aceptara el duelo.

¿Qué tengo que perder excepto la vida?

Además, qué demonios, ya me había ganado todas las partidas anteriores sin siquiera hacer yo mis lanzamientos. Abre la mano y deja caer los dados frente a mí. Todo acabará con una tirada al número más alto.