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Poemas extraídos del libro:

Poemario para gente normal

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Sedúceme

Sedúceme

Sedúceme,

con el zarandeo de tu pelo.

Despierta en mi

la masculinidad dormida

con ese astuto y grácil

contoneo de cintura.

Guía mis perdidos pasos hacia ti;

sin mediar palabras.

Fuerza seductora en tu mirada

primitiva y animal.

Mirada que apartas

como signo inequívoco

de consentida sumisión.

Locamente rendido a tus encantos,

los que saboreo lentamente,

hasta llegar al clímax.

Seré la fiel horma

perfecta en tu zapato.

Modelando tu ser

al capricho del mío.

Envolviendo mí ser

al antojo del tuyo.

Fusionados, nos licuamos,

con deslumbrantes

y turbadoras sacudidas;

jugos de nuestra fruta.

Sedúceme,

con tu aliento y respirar.

Sedúceme,

siendo tú.

No mires atrás

El arrebol

La pluma dorada

El arrebol

En el arrebol,

cuando los rayos del sol

confieren a las lechosas nubes

ese romántico color rojizo,

la ataraxia se apodera de mi cuerpo,

sumiéndolo en la más profunda imperturbabilidad;

sereno y melancólico

me aboco hacia el olvido de penas y tormentos.

Tan solo me faltas tú,

a mi lado,

con tu elocuente silencio

capaz de transportarnos hacia un nuevo alba,

epifanía de nuestro porvenir.

La pluma dorada

“(…) mientras ella se alejaba, arrastrando su malograda maleta, él lloraba desconsolado pues sabía que, a pesar de lo ocurrido, aún se amaban. Este era el final de su historia de amor”

El viejo escritor,

absorto en la turbada pena

por aquello que él mismo acababa de relatar,

cubrió con tierna delicadeza su pluma dorada.

Sosegadamente,

la introdujo en su estuche de piel,

forrado de suave y placentero terciopelo azul.

Dulce Elíseo donde reposar,

merecido descanso,

tras grabar la más sublime y justa locución impresa.

Dotada de melodiosa sabiduría e inaudita magia,

la veterana pluma descansa una noche más para,

al llegar la mañana,

volver a verter almibarada tinta

en forma de fantasía

y garabatear suculentos vocablos,

uno tras otro,

engendrando historias de incierto final.

Y llegó la fulgurante alborada

con afilados rayos del sol

que penetran en la alcoba

entonando la armónica Diana,

espabilando al escritor de su modorra,

cautivo entre sábanas.

Sabedor de lo que le depara la mañana,

despliega titubeante

la última de las página del manuscrito.

Nada hay escrito allí.

No era el colofón deseado por ella que,

en su delicioso Elíseo,

ensoñó nuevos finales aún no escritos

de esta obra inacabada y extravagante

que es la vida,

escrita con una pluma dorada.

Tic-Tac

Tic - Tac

Tic-Tac Tic-tac, tic-tac

marcaba las horas el tedioso reloj

suspendido en la pared de nuestro dormitorio.

Tic-tac, recordaba que el tiempo pasa,

raudo y fugaz, sin detenerse

como hacen los trenes en la estación.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac,

marcan las manecillas del reloj,

cansino y pendenciero,

con su melodía devastadora.

Pero fue entonces cuando se detuvo el tic-tac.

Tu pecho unido al mío.

Vaivén desordenado y sudoroso.

Respiración entrecortada, suspiros y estremecimientos.

Ahora tan solo oigo el latir de tu corazón.

Deleite.

Este me recuerda que el tiempo existe.

Inflexible.

Pero... lo interpretamos a nuestra manera.

En privado.

El tic-tac del reloj se ha parado para nosotros.

Nada más importa en este momento.

Solo tú y yo.

El tiempo, ceñudo cascarrabias,

pasa para el mundo y, mientras tanto,

insolentemente,

nosotros pasamos de él.

Tic-tac, tic-tac, tic-tac…

El todo

El todo

El todo es más que la suma de sus partes.

¿Qué sería el amor sin desamor?

¿Qué sería la ilusión sin desesperanza?

¿Qué sería la victoria sin derrota?

¿Qué sería la frivolidad sin prudencia?

Si no creyera en el todo,

interrelación, armonía y unidad;

¿Qué sería de mí sin ti?

Página en blanco

Página en blanco

Hoy me desperté con el misterio

de una página en blanco.

La quise llenar con tus recuerdos

y reflejar mis sentimientos.

Quise trazar caricias y besos.

Quise ilustrarla con tu sonrisa

y la cegadora luz de tu mirada.

Quise escribir nuestro pasado

para inventar nuestro futuro;

delirio demencial de falso profeta.

La página me mostró el presente.

Me otorgó la confusión que hallé

en su limpia y hermética blancura,

aquella que no pude profanar.

La hora

¿Por favor, me dices la hora?

Cuando tú quieras”.

Pregunto por la unidad de tiempo.

Para siempre”, respondió él.

Mientras ella,

incrédula por la situación,

se alejaba con paso firme,

él,

detuvo el reloj

para no perder su recuerdo.

Mi Universo

Mi Universo

Furtivo, cobijado entre las cortinas del ventanal te veo marchar. Disfruto verte al natural. Elegante, seductora y candorosa, deshaces los pasos que te llevan a mi regazo, tu refugio.

Aún sabiendo que solo serán unas horas; letanía de lamentos fluyen de mis labios.

Mi mundo se desvanece cuando tú no estás.

Un pedacito de cielo se evapora de nuestro particular universo.

Espero con ansias que vuelvas, para así colapsar como nubes de gas y polvo, cuerpo y alma, atraídos gravitacionalmente por el mayor de los deseos:

nuestro amor.

En tu profunado azul

En tu profundo azul

No sé si fue por un dichoso error

o cosa del ineludible destino

pero me bastó un lacónico segundo,

una escueta y hedonista mirada,

para perecer mansamente,

sin luchar,

en la fatal caída al profundo azul

de tus devastadores ojos marrones.

Calmoso y sosegado,su magnetismo

me fue sumergiendo gozoso en ellos.

Pánfilo y perezoso,

preso del encanto en tu abisal,

perspicaz y cálido océano,

ni pude, ni quise, ni supe

salir a flote para tomar aliento,

inhalar de la brisa

una bocanada de abúlico aire fresco

que, ilusoriamente, sanase mi razón.

Y así, sin querer quererlo me extinguí.

Raudamente, como una llama bajo el agua.

Abocado al fin,

como la vela del tenebrario.

Eterno descanso

en el lecho de tu inmensidad

que me atrapó por voluntad y me arraiga,

como las frondosas Praderas de Posidonia

se aferran desesperadas al fangoso sustrato.

Paradójicamente, preso por ti,

cautivo de ti,

en este profundo azul de tus ojos marrones,

colmado de oxígeno puro

e inviolable cobijo,

es donde este dichoso recluso

se siente en libertad.

Uno

Melancolía,

al recordar tu rostro

iluminado por la tenue luz del fanal.

Nostalgia,

por saberme perdido y loco,

de bellos momentos vividos,

Aflicción,

por el tiempo perdido,

valioso, querido,

que jamás podré recuperar.

Postración,

por no ver la luz,

en este dilatado y extenso túnel,

que es la soledad.

La añoranza que siento,

sinónimo de afecto,

idolatría, amor y qué sé yo…

Palabras que resuenan entre mis labios,

palabras con desazón y destemplanza,

palabras tan amargas,

que resumen dolor,

desventura por el anhelo de tu voz,

son en verdad ángel mío,

palabras de amor,

de dicha, de ánimo, aliento y sueños.

Porque amante es quien ama para siempre,

quien aprendió,

de manera desprendida

a dar rienda suelta a la pasión,

pasión y apasionado,

amor y enamorado,

donde tan solo, un abrazo es necesario,

una mirada, esencial,

tan solo un simple gesto,

tan solo una sonrisa,

y esa vida mía,

es la verdad de mis sentimientos.

Sentimientos que se entremezclan,

sí, entre melancolía,

nostalgia, aflicción,

postración y añoranza,

mi boca balbucea desdicha,

mi corazón se desquebraja,

mis manos tiemblan

y mis ojos, húmedos,

se convierten en ríos.

Ríos por los que fluyen dicha,

ánimo, aliento y sueños,

gestos ajenos al tiempo,

a los demás,

detalles tan nuestros

que nos hacen uno porque,

no es verdad ángel mío,

que eso,

eso es el amor.